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CARTAS AL DIRECTOR

Sociabilidad, que no solidaridad

Hace unos días, en un café de Barcelona, una pareja de jóvenes extranjeros me preguntó si podían compartir la mesa que ocupaba. Me sorprendió, pero tras comprobar que no había ninguna mesa libre, accedí.

Tras conversar un rato con ellos, resultó que eran de Chicago, y me explicaron que en su país es bastante común el compartir mesa con desconocidos.

No me sorprendió el hecho en sí, porque es algo que he presenciado y vivido en otras ciudades del norte de Europa, pero nunca hasta entonces en España. Me pudo la curiosidad, así que cuando me marchaba comenté el suceso con el camarero, que era argentino, quien admitió que en cinco años de profesión no había visto nada parecido ni en España ni en Argentina.

¿Cómo es que algo tan sencillo como compartir la mesa de un bar no sea habitual en nuestra cultura latina, que calificamos de tan sociable y abierta? Paradójicamente, sí lo es en grandes ciudades del norte europeo o de EE UU, a cuyas culturas solemos catalogar de frías, distantes y poco sociables.

Compartir mesa en un bar con conocidos, en cualquier país, se considera un acto social, pero compartirla con desconocidos es algo más, es un acto de solidaridad.

¿Será que el concepto de sociabilidad del que tanto alardeamos en nuestro país se ha quedado obsoleto? Quizás carece de esencia solidaria, aspecto en el que en otros lugares del mundo nos llevan ventaja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de junio de 2002