Hace unos días me robaron la cartera en la Puerta del Sol. Denuncié el robo en la policía, di de baja la tarjeta del banco y... me resigné a la pérdida de las credenciales, DNI, tarjeta de la Seguridad Social, etcétera, y, sobre todo, a la de fotografías irrecuperables. Dos semanas después encontré en mi buzón un sobre con membrete de Correos y Telégrafos y, dentro, mi cartera, con las credenciales y fotografías completas. Al comentarlo a parientes y amigos escuché las explicaciones más peregrinas (un ladrón arrepentido, o un ladrón que temía al mal de ojo y quería ganar el Mundial... o que al ver las fotos pensó en su abuelita...).
La realidad es menos fantasiosa, pero mucho más tranquilizadora. No hay nada mejor que vivir en una sociedad donde hay leyes y normas que se respetan, donde hay instituciones, como Correos y como el Servicio de Limpieza, cuyos miembros, sin buscar ni esperar agradecimientos ni ventajas, sencillamente cumplen con su deber. Me siento muy agradecida a Correos y Telégrafos y al Servicio Municipal de Limpieza, pero sobre todo me felicito de vivir en un país donde hay normas y donde muchos, como nuestros barrenderos y carteros, las cumplen de forma anónima y ejemplar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de julio de 2002