Me gustaría encontrar a algún político que cantara las verdades del barquero.
Quisiera que la izquierda alguna vez dijera a la ciudadanía que le parecen impresentables los sueldos de algunos empresarios o de algunos banqueros que se hacen públicos sin ningún pudor (lo de público es un decir, seguro que perciben mucho más), mientras los inmigrantes se hacinan en los polideportivos demandando, simplemente, trabajo. Que el problema de la inseguridad no es la 'invasión africana' (seguirán viniendo), sino la miseria en la que ellos y otros españoles viven. Que le dijeran a los españoles que esto sí que es un escándalo y no que un ilegal robe un trozo de pan.
Me gustaría que se siguieran defendiendo las ideas de izquierdas, aunque haya un debate, sobre todo en lo que se suele llamar el sur de Europa -no, desde luego, en los países nórdicos-, para negar las virtudes de la socialdemocracia sin haber tenido tiempo apenas de experimentarlas. Ni en Francia, ni en España y menos aún en Italia se ha podido disfrutar de una experiencia como la de Suecia, y ya se intenta desmoronar lo poco conseguido.
Me gustaría, en fin, que los representantes de la izquierda española empezaran a defender ideas de solidaridad, justicia y libertad, aunque, a corto plazo, no fuesen rentables electoralmente.
Nada tengo contra los partidos que actúan para ganar las elecciones, es uno de sus fines, para eso existen; sí me opongo a unos partidos que sólo y únicamente quieren tomar el poder y se mecen en las aguas blandas de la ambigüedad para no perder extraños votos que están situados en el limbo del centro. Quisiera saber si todavía existe alguien en este país que defienda ideas de izquierda sin avergonzarse de ello.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de julio de 2002