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Reportaje:

Pujol, peleado con el esquí

El político hace alarde de su escasa condición para los deportes de invierno en su visita a la fábrica Ski Rossignol

Pujol no da zancadas a 120 kilómetros por hora, ni esquía, ni pretende presumir de ello. Ayer, durante su visita a la fábrica de la firma francesa Skis Rossignol en Artés (Bages), en la conmemoración de su 30º aniversario, hizo declaración pública de su nulidad deportiva dos días después que el presidente del Gobierno, José María Aznar, presumiera de correr 10 kilómetros en unos imposibles 5 minutos y 20 segundos, lo que daría una hiperbólica media de 120 kilómetros a la hora de velocidad.

En cambio, Pujol, que ayer no citó para nada el nombre de Aznar, pero cuya presencia estuvo implícita en las manifestaciones que el político catalán hizo sobre el deporte, se confesó incluso torpe para la práctica de algunos de éstos. La vertiente más deportiva del presidente catalán que se conoce es el ciclismo y la práctica el excursionismo cuando la Pica d'Estats está limpia de nieve. Pujol aprovechó ayer sus recuerdos más personales para romper con la elevación del deporte como doctrina vital. Explicó que sólo se ha calzado los esquís una vez en su vida y fue casi una imposición, que la experiencia tuvo más de tragicómica que de iniciación y que, desde entonces, su visita a las pistas acaba en el último hotel, en tierra firme.

El presidente de la Generalitat dice que la torre de Collserola es ya un símbolo de Barcelona

'Yo sólo esquié una vez y comprenderéis que no haya podido esquiar nunca más', explicó Pujol ante los directivos de la fábrica de Artés. Añadió que su incursión en la nieve fue motivada por la petición de mano de su esposa, Marta Ferrusola. 'Mi suegro era un fanático del esquí y, en el momento de la petición de mano, me dijo que quería un yerno que esquiase. No me había puesto unos esquís en mi vida, pero entendí que debía intentarlo. Fui a La Molina y bajé por una pendiente con los esquís, pero a rodolons [dando tumbos]'. Tras la experiencia y la evidencia de su negación para este deporte, le dijo a su futuro suegro: 'Señor Ferrusola, yo ya he cumplido'. Y no tuvo más remedio que concederle la mano de su hija.

Pujol, que habló con entusiasmo de una empresa que emplea a 340 trabajadores, factura 50 millones de euros (unos 8.300 millones de pesetas) y exporta el 95% de su producción de esquís y planchas de snow board a Japón, Corea, Estados Unidos y media Europa, advirtió a la empresa que él es un mal cliente, aunque quiso apostillar: 'Yo no esquío, pero mi familia sí. Tengo siete hijos, todos esquían; mi mujer también, y todos los nietos también esquían. O sea, que la familia Pujol puede ser buen cliente, pero yo no'. Como ya se ha podido comprobar en las visitas navideñas, por ejemplo, de la familia real y de buena parte del los miembros del Gobierno central en Baqueira, Pujol no engaña: con los esquís es torpe.

Estas declaraciones de principios deportivos Pujol las realizó ayer. El viernes por la noche efectuó otras de trascendencia sentimental al decidir incorporar la torre de comunicaciones de Collserola, obra del arquitecto británico Norman Foster, a la tabla de los 'signos de identidad' de Cataluña y Barcelona y, además, le atribuyó una simbología: 'La modernidad'. La torre de comunicaciones de Collserola, inaugurada con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona, ha cumplido 10 años sobre el perfil de la capital catalana. 'La torre es un signo de identidad del país, con Gaudí, la Sagrada Familia. Una significación no sólo se limita a la lengua o la conciencia de país. Lo es también una imagen, un paisaje y un horizonte', declaró el presidente de la Generalitat.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002