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Crítica:TEATRO | TROILUS I CRESSIDA

La frivolidad contemporánea

Xavier Albertí ha desarrollado a lo largo de los años una forma peculiar de construir. La suya es una mirada fría, a menudo cortante como un rayo láser, claramente contemporánea, sometida a una estricta regularidad musical. En cualquier caso, su forma de llevar a escena los textos contemporáneos suele ser mucho menos traviesa, menos irónica que cuando afronta los clásicos, como ahora sucede con Troilus i Cressida. Shakespeare es, además, un viejo conocido de Albertí a través de los montajes Un Otel.lo per a Carmelo Bene, Hamlet, Macbeth o Macbetto y Antoni y Cleopatra. A Albertí parece divertirle analizar los textos capitales del teatro de Shakespeare y devolverlos desguazados, reconvertidos en jeroglífico y pasatiempo.

Troilus i Cressida

De William Shakespeare. Creación: Xavier Albertí, Lluïsa Cunillé y Albert Llanes. Dirección: Xavier Albertí. Intérpretes: Xavier Albertí, Lourdes Barba, Roger Coma, Jordi Collet, Oriol Genís, Manuel Carlos Lillo, Lina Lambert, Alícia Pérez, Carles Romeo y Arnau Vilardebó. Escenografía y vestuario: Mònica Quintana. Música: Albert Llanes. Teatre Lliure. Hoy, último día.

Troilus i Cressida, que tiene más como excusa que como eje argumental la traición amorosa de la infiel Cressida, suele encuadrarse, además, entre las obras problema de Shakespeare, campo abonado para las reinterpretaciones o, como en este caso, las parodias. De Shakespeare queda el argumento y el eco del problema que plantea. Albertí, con Lluïsa Cunillé y Albert Llanes, se hace responsable de la sonrisa, del divertimento, de la mirada burlona sobre el clásico. Los héroes aqueos y troyanos que pintó Homero y que Shakespeare quiso ver como moscas atrapadas en las bajas pasiones de amor y muerte, son mostrados por Albertí con perversa frivolidad. Y esto es, en muchos sentidos, aplicar a rajatabla sobre Shakespeare una mirada contemporánea: fragmentación, superficialidad, distanciamiento, carencia de toda orientación ideológica. No hay análisis alguno sobre el amor y la guerra. Es, a fin de cuentas, una crítica fulminante, sólo aparentemente jocosa, al hombre de hoy.

Lo interesante del montaje de Albertí es que sirve a Shakespeare en revoltillo. Todo es mezcla. Los mismos actores se desdoblan en numerosos héroes de ambos bandos, apenas diferenciados por algún signo distintivo. El lenguaje es, a la vez, poesía y patochada, filosofía y refrán. Y la música, en fin, siempre presente en los montajes de Albertí, aporta un contrapunto cómico, distanciador.

Es más que posible que a los amantes de la ortodoxia shakespeariana el montaje de Albertí les resulte insuficiente. A quienes aprecien el talante del director quizá este montaje les resulte, en cambio, excesivamente shakespeariano, todavía demasiado fiel al original. De lo que no hay duda, sin embargo, es de que Albertí ha consolidado un estilo personal en el que ha embarcado a muchos de sus colaboradores habituales, gente que, como Lourdes Barba, Manuel Carlos Lillo, Lina Lambert, Alícia Pérez o Arnau Vilardebó, conoce bien su cometido cuando se somete a las órdenes de Albertí. Todo es ligereza, parodia, estereotipo, pero es, en cualquier caso, el trabajo de un excelente equipo de actores que conoce de sobras su oficio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002