De la Historia sólo se suele dar importancia a las grandes gestas, cuyos protagonistas son los próceres de la sociedad, preteriendo a la inmensa mayoría, que somos el resto.
Laura Antonela Cavalieri, una chica argentina de quince años, ha remitido una carta para concursar en el certamen literario convocado por el Ayuntamiento de Benferri, de la misma extraigo las palabras que siguen:
'Estimado Presidente de la República Argentina Doctor Eduardo Duhalde: (...) Tengo que decirle que desprecio sus ideas (...) una vez dijo: 'no hay más mentiroso que un político en campaña', siendo que estuvo en campaña, supongo que sabrá que muchos de sus colegas tienen riquezas que no son precisamente fruto de la Divina Providencia, sino del hurto (...) La Argentina está en crisis y es producto de mis malas ideas, de las de mis amigos, educadores, padres, políticos, y las suyas. Debemos lograr la extinción de éstas, reemplazarlas por verdaderas, para que todo mejore'.
Difundida por mí la carta he recibido, entre otras, respuesta de Beatriz Gamble, paisana de Laura, madre de un muchacho que ha emigrado a España huyendo de la miseria; he aquí parte de la misma: '...la crisis argentina tiene muchos culpables (...) el que esté libre de cargo que tire la primera piedra (...) a muchos no les importaban los 55 niños que mueren por día a causa de enfermedades controlables, ni los que mueren por desnutrición, ni los que viven en la calle porque han quedado desocupados, ni los que revuelven la basura para poder comer, sino que les quedó su dinero en el famoso corralito y algunos se vieron privados de pasar sus vacaciones en Punta del Este (...) Ni el corralito ni las cacerolas nacieron con el Presidente Duhalde, sino con Fernando De La Rúa y el Doctor Cavallo, que gozan de buena salud y tienen el tupé de andar libres por la calle y como Carlos Menem, impunemente hacen declaraciones insolentes por televisión. (...) soportar que los 'grandes países', los del Primer Mundo sean los mejores a costa del hambre y la pobreza de los del tercero te desesperanza...'.
Aun sin llegar, me he pasado ya siete líneas de las permitidas en esta sección, lo demás pueden escribirlo ustedes mismos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002