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Reportaje:TOUR 2002 | Etapa prólogo

'Fue una tontería imperdonable'

Jan Ullrich lamenta haber consumido pastillas de anfetamina y niega haberse dopado, pero la fiscalía alemana le abre una investigación

El ciclista alemán Jan Ullrich, de 28 años, el gran ausente de este Tour, reconoció ayer haber consumido dos pastillas de anfetamina (éxtasis, presumiblemente) en una noche de juerga el pasado 11 de junio, pero negó que el propósito fuera doparse. 'Sencillamente fue una tontería imperdonable', confesó, muy afligido, en una conferencia de prensa transmitida en directo por la televisión alemana.

El ganador del Tour de 1997 y los años posteriores eterno segundo tras Lance Armstrong, sufre desde enero pasado un problema de rodilla que le ha impedido volver a disputar una carrera. Fue precisamente durante el periodo de rehabilitación de una operación, en una clínica bávara, cuando Ullrich dio positivo en un control sorpresa de la agencia alemana antidopaje.

Pero drogarse no es lo mismo que doparse, según recalcó ayer el ciclista. De haberse demostrado, en un contraanálisis, el consumo de sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento físico, esto hubiese acarreado su despido inmediato de su equipo, el conjunto alemán del Telekom, que para estos efectos cuenta con rígidas cláusulas contractuales. Consciente de ese riesgo, Ullrich ha renunciado al contraanálisis. Sin embargo, esa decisión también tiene su coste: ayer mismo la fiscalía de Múnich le abrió un sumario por contravenir la ley de estupefacientes.

El actual campeón olímpico de ciclismo recordó que los últimos seis meses fueron 'muy, muy difíciles' para él. 'Quería volver a correr, lo intenté una y otra vez, pero el dolor siempre me lo volvía a impedir... No se vislumbraba ningún éxito', se justificó. 'En esas circunstancias, también es humano salir un día de marcha, abandonar las cuatro paredes de tu casa y desahogarse'. Eso es lo que sucedió el 11 de junio, una noche en la que bebió 'bastante' [alcohol]. 'Me dieron unas pastillas, las tomé sin pensarlo dos veces y en ese momento no era consciente de cometer un error', recordó. Un día después sería sorprendido por la agencia alemana antidopaje.

A juicio de varios expertos, es una versión creíble: lesionado como está, no tiene sentido que Ullrich eche mano de anfetaminas para mejorar su rendimiento físico. La noche de juerga -no tan distinta a aquellas de decenas de jóvenes europeos, fin de semana tras fin de semana- encaja además con otros excesos del ciclista, que el 1 de mayo pasado, a la salida de una discoteca, se dio a la fuga tras destrozar con su Porsche plateado un aparcamiento de bicicletas, lo que acabó por costarle la retirada de su carné de conducir y una multa de 160.000 euros.

Ahora será el tribunal deportivo de la Unión de Ciclistas Alemanes, que se reunirá a partir de mañana, el que resuelva el caso, probablemente con una suspensión entre seis y doce meses.

¿Ullrich podrá después volver a correr?. El ciclista sí lo quiere: 'Ahora estoy en lo más bajo, pero quiero volver a lo más alto. Así no puede acabar mi carrera'. Sin embargo, mucho depende de qué es lo que decidirá su empresa patrocinadora, Deutsche Telekom, que ya lo suspendió indefinidamente al conocerse el pasado miércoles esta historia de las anfetaminas. Un portavoz del gigante alemán de las telecomunicaciones dio a entender ayer que, al menos por ahora, no piensa dejar en la calle a su antigua estrella. Con todo, el contrato de Ullrich vence el próximo año, y Deutsche Telekom no descarta abandonar del todo el patrocinio ciclista en 2003.

El director del Tour de Francia, Jean-Marie Leblanc, entretanto, se mostró 'triste', pero condescendiente: 'Cumplida la sanción, regresará. Las puertas del Tour siempre estarán abiertas para un gran campeón, como ha sido él', concluyó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002