El director de Estadística de Melilla, Salvador Cardona, estima que, en el año 2001, de cada 100 nacimientos que se produjeron en la ciudad, 75 fueron bebés con apellido musulmán y 25 con apellido cristiano. Según sus cálculos, no pasarán 15 años antes de que Melilla tenga una mayoría de vecinos de nacionalidad española y religión musulmana. Lo que nadie quiere ver es que esa nueva población tiene un espantoso índice de fracaso escolar, el más grave de toda España, con un 52% de escolares musulmanes que llegan a los 16 años sin los conocimientos mínimos para alcanzar el título básico. Aunque la Dirección Provincial de Educación impide la realización de estudios que permitan analizar las causas, la mayoría de los profesores de la ciudad sabe cuál es la raíz del problema: los niños musulmanes españoles llegan a primaria sin saber hablar bien el castellano. En su casa y en la calle hablan el tamazight, una lengua bereber que el Estado español no reconoce. El presidente de la ciudad, Juan José Imbroda, admite la importancia del problema y critica la labor de la Delegación Provincial de Educación. 'Diga que no estamos nada satisfechos con su labor'.
Jahfar: 'Somos españoles, la Constitución democrática reconoce y defiende nuestros derechos. ¿Para qué vamos a ser súbditos de Marruecos? ¿Por qué elegir casa vieja pudiendo tener casa nueva?'
'No pedimos que escolaricen a los niños en su lengua materna, como en Cataluña o el País Vasco, pero sí que se reconozca nuestro idioma, que se incorporen profesores bilingües que les ayuden a manejarse en la escuela', explica Jahfar Hassan Yahid, responsable del único curso de tamazight en la ciudad. 'Si seguimos cerrando los ojos a la realidad del fracaso escolar de los niños musulmanes, cometeremos un error imperdonable', afirma José Luis López Belmonte, secretario general de SETE, el sindicato mayoritario en Melilla.
Melilla es una ciudad tranquila y pacífica, en la que conviven amablemente cristianos y musulmanes, pero las dos comunidades no parecen tener ni idea de los problemas respectivos. La convivencia de trato es buena, pero existe un soterrado déficit de confianza. Los musulmanes creen que se les trata en desigualdad de condiciones. Y los cristianos dudan de la lealtad de los españoles musulmanes llegado el caso de un hipotético conflicto con Marruecos. 'Es ridículo. Nosotros somos españoles porque la Constitución democrática reconoce y defiende nuestros derechos. ¿Para qué vamos a querer ser súbditos de Marruecos?', pregunta Jahfar. '¿Por qué elegir casa vieja pudiendo tener casa nueva?'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002