La calle del Marqués de Corbera, en Ciudad Lineal, es una protesta permanente. De los balcones de sus edificios cuelgan varias pancartas con el símbolo que desde hace 20 años obsesiona a los habitantes de esta zona al sur del distrito: una estación de metro. 'Si no tienes coche, vivir aquí es complicado', dice con cara de preocupación Félix de Dios, el recientemente nombrado presidente de la asociación vecinal del barrio de La Elipa.
Para entender esta vieja reivindicación, es preciso saber que los habitantes de este sector de la ciudad deben coger tres autobuses para llegar a la Gran Vía, y que carecen de un medio de transporte directo hasta la propia Junta Municipal, a la comisaría o al centro de servicios sociales que se halla en la calle de Hermanos García Noblejas. Desde El Pinar de Chamartín -otra zona que reclama el suburbano-, por ejemplo, sus residentes deben recorrer siete kilómetros hasta la sede de la Junta, también en la calle de Hermanos García Noblejas.
En la antigua plaza de la Cruz de los Caídos 'se halla el límite entre los ricos y los pobres'
Oposición y vecinos reclaman que el hospital del Aire se destine a uso civil
Es un problema complejo que desde hace dos décadas espera solución. Por eso, en la asociación La Nueva Elipa sus miembros hacen continuos alardes de imaginación y empeño para luchar por su sueño. El pasado mes de febrero desfilaron en los carnavales de la capital con una carroza adornada con un gran dragón verde de madera, réplica del que aparece en una zona infantil del barrio, y, cómo no, con una especie de tuneladora para apoyar su reivindicación. Con gritos y arengas lanzaron también cientos de billetes de metrobús en demanda de una estación del suburbano. Las ocho que hay en el distrito están muy alejadas para que puedan utilizarlas (Arturo Soria, Avenida de la Paz, Concepción, El Carmen, Quintana, Pueblo Nuevo, Ciudad Lineal y Ascao).
Durante los últimos años han sido sucesivas las manifestaciones en protesta por la falta de una siempre anhelada boca de suburbano que no llega y que por ahora no aparece en los planes del súper metro del presidente regional, Alberto Ruiz-Gallardón. El símbolo de esta lucha vecinal se halla en una esquina de la avenida del Marqués de Corbera, en la llamada estación fantasma, un remedo que los vecinos instalaron el pasado mes de febrero.
Y a la ya sufrida falta de metro se suma, además, el 'precario' servicio que entre un barrio y otro ofrecen los autobuses de la EMT: 'Desde la zona norte a la sur tienes que coger dos autobuses como mínimo', dice Félix de Dios mientras recorre en su coche las calles del distrito. 'Para ir al hospital de referencia, el Ramón y Cajal, tardas 15 minutos en coche. La otra forma de desplazarse es mediante combinaciones de metro, autobús y tren de cercanías, y tardas 45 minutos. Hace dos semanas llevé a mi hijo a hacerse unos análisis de sangre que tardaron sólo cinco minutos, muchísimo menos de lo que se tarda en llegar en transporte público', añade Alfredo Avia, secretario de la asociación La Nueva Elipa.
'Nosotros pedimos que los habitantes de esta zona puedan acceder a cualquier punto neurálgico del distrito a través del autobús, porque ahora es casi imposible', afirma Miguel Conejero, portavoz socialista. Y Ángel Lara, vocal de Izquierda Unida, añade: 'Las líneas de comunicación entre los barrios son muy escasas y es necesaria la ampliación de la línea 110 (Plaza de Manuel Becerra-La Elipa)'. La concejal presidenta del distrito, Carmen Torralba González, cree que las reivindicaciones vecinales en lo que al transporte se refiere son válidas, y por eso las respalda: 'Yo espero que la Comunidad no se olvide de la necesidad de más estaciones de metro en el distrito, y sé que el Consorcio de Transportes está estudiando la propuesta de mejorar el servicio de autobuses entre los barrios', asegura.
Pero en este distrito con forma de jamón, con todo su suelo prácticamente copado, con uno de los ejes comerciales más importantes de la capital, -la calle de Alcalá-, y con 229.000 habitantes, la falta del metro en algunas zonas y la difícil conexión entre los barrios no son sus únicos problemas. En Ciudad Lineal, oposición y vecinos reclaman también que el Hospital del Aire, en la calle de Arturo Soria, se destine a uso civil. 'No es lógico que un centro que está al 5% de su capacidad no dé prestación a los habitantes de esta zona', señala el socialista Conejero. Las previsiones de la Junta en ese sentido no son muy alentadoras: 'Por las informaciones que tenemos, este hospital va a quedar para Defensa. Se destinará al ejército', comenta la concejal Torralba.
El estado actual de los colegios públicos es otro motivo constante de protestas en la oposición. PSOE e IU acusan a la Junta de 'permitir' que el deterioro de estas instalaciones vaya en aumento: 'Claramente se está apostando más por la escuela privada y la concertada', señala el socialista Conejero. 'Estamos presenciando un ataque sin precedentes a la escuela pública en este distrito, pues las inversiones en los centros son escasas', añade Ángel Lara, de IU. Ambos grupos reclaman que en el distrito se instalen más escuelas infantiles, necesarias por la cada vez más amplia presencia de parejas jóvenes con niños pequeños. Tal reivindicación, sin embargo, encuentra poco eco en la Junta Municipal: 'Si viéramos la posibilidad de crear alguna escuela infantil lo haríamos, pero cuando se está en la oposición uno no se puede poner a pedir y pedir cosas; hay que tener los pies sobre la tierra', afirma la edil del PP.
Lo que sí reconoce Carmen Torralba es la reforma que necesitan varios colegios antiguos del distrito. Mediante un convenio entre el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid firmado en diciembre de 2001 se prevé invertir este año 240.404 euros en mejoras para los centros públicos Conde de Romanones, Ghandhi y Joaquín Turina, que son 'los que más rehabilitación necesitan', según Torralba.
'Yo creo que en este distrito los colegios están verdaderamente dejados y olvidados. Se nota mucha precariedad; a veces predomina más el ingenio de las asociaciones de padres que el apoyo institucional', señala el secretario vecinal Alfredo Avia. Y como ejemplo cuenta que en un pleno reciente se puso de manifiesto el hecho de que las instalaciones deportivas del colegio público San Juan Bosco (Santa Irene, 2, La Elipa) no reunían las condiciones necesarias para que se llevaran a cabo los campeonatos que promueve el Instituto Madrileño de Deportes. Por culpa de una pista de baloncesto que no estaba bien marcada, dice Avia, los chicos tuvieron que irse a jugar a otro colegio. 'Cuando le preguntaron a la concejal por esta cuestión dijo que no había partida presupuestaria, pero que antes de que empezara el curso lo tendrían en cuenta', relata el secretario de La Nueva Elipa.
El concejal socialista Conejero insiste en que las inversiones en este distrito son insuficientes. El edil acusa a la Junta Municipal de haber ejecutado sólo en un 50% el presupuesto asignado en el ejercicio anterior, que era de 5.950.019 euros.
El pasado año estaba prevista la construcción de un centro cívico cultural en la zona de El Pinar de Chamartín, cuya ejecución no aparece asignada en los proyectos de 2002. La razón, según Torralba, es que en un distrito cuyo suelo está prácticamente agotado para nuevas edificaciones era casi imposible encontrar una parcela. 'Ha sido un proceso lento encontrar suelo, y como ya lo hemos conseguido, el próximo año lo incluiremos en los presupuestos; el dinero no se pierde', afirma la concejal. Torralba responde a Conejero que este plan se enmarca en los 'proyectos plurianuales'.
La otra gran característica que marca a Ciudad Lineal, y en ello coinciden no sólo los representantes vecinales sino también la oposición y la propia Junta Municipal, es la diferencia. Su heterogeneidad. En la antigua plaza de la Cruz de los Caídos (ahora plaza de Ciudad Lineal), dice el presidente vecinal Félix de Dios con cierta ironía, 'se halla el límite entre los ricos y los pobres'. Y no exagera. En este distrito enorme y de figura alargada sobresalen zonas residenciales lujosas con precios de la vivienda exorbitantes que contrastan con otras áreas, como el barrio de La Elipa o el de Bilbao, donde en algunos edificios han tenido que acometer planes urgentes de rehabilitación por el estado de deterioro en el que se encuentran. 'Si cruzas la frontera [la Cruz de los Caídos] hacia el norte, los pisos cuestan el doble', afirma de Dios. 'Hay grandes diferencias', señala Miguel Conejero. 'Y te puedes encontrar casos como el de unos vecinos del barrio de la Concepción que luchan para que la Seguridad Social no les eche de sus pisos', añade Ángel Lara.
Ciudad Lineal es, según las estadísticas del Ayuntamiento, uno de los distritos madrileños donde más se nota la diferencia de renta entre barrios. El norte, dice la concejal Torralba, 'tiene otro status'.
El rejuvenecimiento de Ciudad Lineal, asegura Félix de Dios, ha venido de la mano de los inmigrantes, que representan ya una parte importante de la población. Un breve recorrido por un parque del barrio es la prueba más clara de tal afirmación: entre gritos y alborozos se confunden chavales de distintos países, sobre todo latinoamericanos, que añaden nuevos acentos a este distrito.
El Quito madrileño
Los ecuatorianos se han convertido en la colonia más amplia de extranjeros residentes en el distrito de Ciudad Lineal. De hecho, dos de cada diez ciudadanos de ese país empadronados en Madrid viven en los barrios de Pueblo Nuevo y Ventas. El parque de Ascao es su punto de reunión. Una especie de pequeño Quito donde, como ocurre en otras zonas de la ciudad, los inmigrantes se reúnen para intercambiar experiencias y mitigar la nostalgia. La concejal presidente Carmen Torralba cuenta que estas reuniones han motivado quejas vecinales debido al ruido que generan, pero que han disminuido este año con respecto al anterior. 'Yo creo que ahora con la llegada del buen tiempo se volverán a reunir, y por ello en los servicios sociales hacemos grandes esfuerzos para evitar roces', dice. El perfil de los ecuatorianos es fundamentalmente el de trabajadores del servicio doméstico y sin papeles. Son una colonia que sufre los efectos del denominado fenómeno de las camas calientes, pisos pequeñísimos que se utilizan las 24 horas del día incesantemente: mientras un inmigrante trabaja, otro ocupa su cama durante algunas horas. Los inmigrantes, según el portavoz socialista Miguel Conejero, sufren también los abusivos precios de los alquileres, situación que la concejal Torralba considera muy difícil de controlar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002