En los últimos años la economía española viene creciendo notablemente por encima de la media de los 12 países que conforman la Unión Económica y Monetaria (UEM), lo que se traduce en un acercamiento o convergencia real en renta per cápita con dichos países. Según las últimas estimaciones de la Comisión Europea, el pasado año el PIB per cápita, expresado en paridades de poder adquisitivo (PPA), es decir, teniendo en cuenta los distintos niveles de precios de los países, se situó en un valor de 84,3, siendo 100 la media de la UEM. En 1995, la cifra era de 78, lo que quiere decir que, desde ese año, recortamos la diferencia a razón de 1,05 puntos porcentuales (pp) por año. No es mal ritmo, teniendo en cuenta que Portugal y Grecia han reducido las distancias en estos años a razón de 0,65 y 0,53 pp, respectivamente, pero queda a mucha distancia de Irlanda, que ha conseguido 4,9 pp por año, de forma que en el último ya superaba la media de la UEM en un 23%.
El ahorro es escaso y, además, parte de él va a inversiones que no aumentan el potencial de crecimiento
Echando una mirada retrospectiva a la historia económica española moderna, podemos ver en el gráfico izquierdo que el proceso de convergencia no ha sido lineal o constante. Observamos un periodo entre 1960 y 1975 (los años del desarrollismo) de avance rápido, a razón de 1,2 pp por año. Posteriormente, durante el llamado decenio negro se produce un retroceso a razón de casi un punto por año. Y a partir de 1985 la convergencia avanza de nuevo, a razón de 0,75 pp por año. En los últimos seis, por tanto, el ritmo es notablemente superior a la media histórica, lo que en gran medida se explica porque estos años han coincidido con una fase cíclica expansiva y, como es sabido, la convergencia hasta ahora siempre se aceleraba en las fases expansivas y se paralizaba o retrocedía en las recesivas. La novedad es que en el último año, cuando se inicia la fase recesiva actual, no se ha repetido el patrón histórico, y como se ve en el gráfico central, el diferencial de crecimiento del PIB se ha ampliado. Sin duda, esto es una buena noticia.
El gráfico derecho nos muestra, sin embargo, algunos rasgos en los que se ha asentado el diferencial de crecimiento en los últimos años que introducen cierta incertidumbre respecto a su continuidad en los próximos con la misma intensidad. Como se ve, entre 1997 y 2001 el PIB (conjunto de la economía) ha crecido 1,3 pp más por año que la media de la UEM, pero mientras que en el sector de la construcción y en los servicios de no mercado (servicios públicos), el diferencial ha sido superior a esta cifra (5,5 pp y 1,4 pp, respectivamente), en la industria y en los servicios de mercado se ha quedado por debajo (1 y 0,4 pp, respectivamente). Es decir, han obtenido peores resultados relativos los sectores más expuestos a la competencia internacional y en vanguardia de la revolución tecnológica, lo que arroja serias dudas sobra la competitividad actual y futura de nuestra economía. Crecer a base de asignar más recursos que ningún país europeo a la construcción de viviendas, para dejarlas posteriormente vacías, puede crear rentas y empleo a corto plazo, pero en poco o nada aumenta la capacidad de generar rentas futuras. La economía española tiene escasez de ahorro y, además, parte de él se destina a inversiones que no aumentan el potencial de crecimiento. Éste no es el camino más rápido para la convergencia.
Ángel Laborda es director de Coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros Confederadas para la Investigación Económica y Social (Funcas).
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002