Casi todos los días descubrimos que otro avaricioso jefe ejecutivo estadounidense ha conspirado con contables, abogados y banqueros de inversión para estafar al público inversor. Pero, más allá de los escándalos, la opinión pública debería ser más consciente de la naturaleza errática de los mercados financieros de hoy en día. Los tipos de cambio y los precios de las acciones se desvían enormemente de los valores fundamentales a largo plazo, algo que puede causar grandes dislocaciones en la economía real de los puestos de trabajo, la producción y la inversión. Y, sin embargo, los analistas financieros que estudian estas tendencias en los medios de comunicación no las evalúan con realismo.
Más allá de los escándalos, la opinión pública debería ser más consciente de la naturaleza errática de los mercados financieros
Tomemos el caso del dólar estadounidense, cuyo valor frente al euro se está desplomando ahora. Para los especialistas en economía, esto no constituye una sorpresa. Desde mediados de la década de los noventa hasta hace muy poco, el dólar se fortaleció enormemente con respecto a las monedas europeas. Pero, después de grandes desviaciones, los tipos de interés tienden a volver a los valores medios a largo plazo. Así, la fortaleza del dólar en años recientes estaba abocada a una reversión. Si se interpreta cuidadosamente, el pasado sigue siendo una buena guía para el futuro.
Sin embargo, si se escucha a los expertos, a menudo da la impresión de que la historia es irrelevante. Cuando el dólar se fortaleció respecto al euro después de 1999, los analistas de inversión ofrecieron una explicación tras otra de por qué iba a continuar la tendencia: la supuesta fuerza de la economía estadounidense, la teórica debilidad de la europea, la presunta mala administración del euro. Desafortunadamente, a menudo los analistas financieros tienen una mala formación económica y no se basan en información fundamental, sino en el último cotilleo y en modas pasajeras.
Evidentemente, un inversor sagaz puede sacar un gran beneficio de las modas pasajeras. Pero esto es más difícil de lo que parece. Uno puede saber que el dólar acabará cayendo pero acabar en quiebra antes de poder demostrar que está en lo cierto si todo el mundo sigue apostando por el alza. Como advirtió el gran economista británico John Maynard Keynes hace 75 años, 'los mercados pueden mantener su irracionalidad durante más tiempo del que uno puede mantener su solvencia'. Por lo tanto, es más seguro seguir la corriente, aun cuando uno crea que marcha en el sentido equivocado. Por la misma razón, es sabido que Keynes describió el mercado de valores como un concurso de belleza en el que cada juez escoge al participante que cree que van a elegir los demás.
De hecho, cuando los precios bursátiles estadounidenses alcanzaron niveles astronómicos a finales de los noventa, los expertos y los analistas salieron con las mismas explicaciones tontas de siempre. Ahora sabemos que algunas de estas explicaciones eran deliberadamente fraudulentas. Muchas casas de corretaje intentaban aumentar los honorarios por negociación de inversiones de empresas cuyas acciones ellos promocionaban entre un público confiado. Pero, más en general, seguían la corriente, inventando teorías para justificar un alza descomunal de los precios.
Los verdaderos costes económicos de esta mentalidad de rebaño han sido elevados. El auge excesivo del mercado de valores estadounidense condujo a una inversión excesiva y a la consecuente recesión cuando se rompió la burbuja. La fortaleza del dólar también distorsionó las decisiones de inversión, mientras que una similar volatilidad de los intercambios ha contribuido a la confusión experimentada en los últimos cinco años por los nuevos mercados.
Está claro que los principales bancos de inversión deberían tomarse mucho más en serio la formación y acreditación de sus analistas para que en sus pronunciamientos públicos aporten conocimientos en lugar de estupideces. Los medios de comunicación deberían investigar las tendencias económicas más críticamente, en lugar de hacerse eco de la opinión general. Y los especialistas deberían ser más categóricos a la hora de explicar por qué a largo plazo los precios del mercado financiero reflejan valores económicos fundamentales.
Keynes resaltó estas mismas deficiencias hace mucho tiempo, así que no deberíamos esperar que ahora se produjesen milagrosos cambios de comportamiento. ¡Inversores, cuidado!
Jeffrey D. Sachs es catedrático Galen L. Stone de Economía y director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002