Un año más se cumplió en Pamplona el ritual que abre la puerta a nueve días consecutivos de festejos. El concejal socialista Roberto Jiménez, de 28 años de edad, cumplió con la tradición y lanzó un chupinazo que dedicó especialmente 'a los mártires de la democracia y a las víctimas del terrorismo'.
El primer acto festivo de los sanfermines no estuvo exento de altercados y algunos enfrentamientos físicos, tanto en las calles aledañas a la plaza del Ayuntamiento de Pamplona como en el interior del consistorio, pero el empuje festivo de la auténtica marea humana congregada en Pamplona (la Policía Municipal contabilizó la llegada de más de 300.000 personas) cercenó de raíz los incidentes y dio paso, en una mañana nublada y fresca, a las primeras horas de fiesta en la capital Navarra.
Jiménez dedicó el chupinazo a las víctimas del terrorismo de ETA y tuvo un especial recuerdo para dos compañeros de partido, Joaquín Pascal, ex portavoz del PSN fallecido de un infarto el pasado 28 de abril y Javier Iturbe, portavoz del PSN-PSOE en Pamplona.
Como en anteriores ediciones, se produjeron incidentes. La Policía Nacional cargó en la cuesta de Santo Domingo minutos antes del chupinazo contra varios cientos de jóvenes que, portando ikurriñas, pretendían acceder al centro de Pamplona. En los enfrentamientos posteriores hubo un Policía Nacional contusionado, que precisó asistencia hospitalaria. El cordón policial alrededor del centro de la ciudad no impidió que más de un centenar de personas se congregara ante el Ayuntamiento exhibiendo decenas de ikurriñas, ni el lanzamiento de objetos contra la fachada del consistorio, que días atrás sustituyó los cristales por láminas de metacrilato, provocaron heridas a dos personas que contemplaban el acto como invitados de la corporación desde los balcones de la fachada.
Dentro del Ayuntamiento, que permaneció totalmente blindado por diversos cordones policiales, concejales de UPN y Batasuna se enfrentaron a golpes cuando los ediles nacionalistas pretendían asomarse a un balcón lateral de la fachada municipal para exhibir una ikurriña. El concejal delegado de Cultura por UPN, Vicente Etayo, forcejeó con el portavoz de Batasuna, Marcos Erro, para impedir que éste, junto al edil abertzale Joxe Abaurrea, se asomara al balcón. Tres policías municipales desalojaron a empujones a Erro del salón municipal provocándole diversas contusiones. El concejal presentó denuncia ante el juzgado por los incidentes. Igualmente resultó con heridas en las manos Abaurrea, que reivindicó el derecho a que la ikurriña estuviera en la fachada del consistorio 'en representación de la segunda fuerza municipal de Pamplona, que es Batasuna'.
Los ediles de UPN restaron importancia a los incidentes, y la alcaldesa Yolanda Barcina expresó su deseo de que todos los partidos políticos respeten las ganas de divertirse pacíficamente de los ciudadanos. Barcina cedió el lanzamiento del cohete al PSN-PSOE aunque, en virtud de la tradición y del número de concejales, el disparo le hubiera correspondiendo a Batasuna, que ayer lanzó un cohete alternativo de forma simultánea al oficial desde los balcones de su sede, ubicada en la misma plaza del Ayuntamiento.
Unas fiestas sin igual
Entre las doctas enseñanzas que nos legó el beato Escrivá, aquel curita sencillo, aunque distinguido con un marquesado, está la de no incurrir porque sí en la falsa humildad. Con motivo de haber sido honrado por el ayuntamiento pamplonés, el Marqués de Peralta, don Josemaría(sic) Escrivá de Balaguer y Albás, dejó dichas estas palabras para edificación de generaciones venideras: 'Señor Alcalde, al recibir de vuestras manos el honroso título de hijo adoptivo de esta noble ciudad de Pamplona, no voy a caer en la falsa humildad de decir que no merezco tan alta distinción. Si lo hiciera, faltaría a la verdad y causaría agravio a vuestra justicia' Pues bien; en el día de nuestro santo patrón, no voy a incurrir en la falsa humildad de decir que estas fiestas tienen igual. Si lo hiciera, faltaría a la verdad y causaría agravio al futuro Centro Temático de los Sanfermines, más conocido como museo de los sanfermines, lugar donde, aparte de meter a San Fermín, a San Francisco Javier, a San Saturnino y, ¿por qué no?, al beato Escrivá, hemos reservado espacios para fiestas de altura similar a las de Pamplona, como tal vez puedan ser las de Río de Janeiro o las de Venecia. El nuevo museo, si hemos de seguir en nuestra beatífica línea de sinceridad, será único en el mundo. Ni en Río ni en Venecia se les había ocurrido una idea semejante: un museo de las fiestas. Cierto que tampoco hay por ahí fiestas tan de museo como éstas. Como universales, no hay otras más que los sanfermines. De ahí que en el futuro museo sanferminero, aparte de una máquina de realidad virtual -de esas que ahora causan tanta sensación como pudo haber producido en su momento la máquina de dar electrochoques-, vayan a tener su rincón privilegiado todas las fiestas, encierros y romerías del universo. En efecto, en el futuro centro temático no sólo van a figurar las andanzas del obispo Fermín y las de los siete magníficos de la Compañía de Jesús (Javier, Ignacio y los otros cinco); no sólo van a caber el encierro del pilón de Falces y el de San Sebastián de los Reyes; no sólo es que vayan a contar con sus espacio los carnavales de Río y Venecia, sino que también lo tendrán los de Cádiz y Lanz; y van entrar todas las tamborradas y romerías celtíberas, incluida la del Rocío. Sinceramente: con todo eso y con la máquina de correr encierros virtuales, creemos merecer en años venideros mayor atención que el Puppy. El museo, siguiendo la idea del Puppy, lo vamos a revestir en toda su inmensidad de una tupida cubierta floral, muy variada y alegre de color. En cuanto al arte, estará el museo en sí y estas proféticas palabras escritas por Antonio Saura hace un decenio largo: '... asistimos en nuestro país a un fenómeno inédito y sorprendente: a la costrucción de nuevos museos destinado a albergar colecciones todavía inexistentes, a la paradójica costrucción del continente sin haberse preocupado de formar con anterioridad un contenido que lo justifique. He aquí, sin duda alguna, el mejor aporte del arte español al universo del arte del absurdo -y quizá, incluso, al del arte conceptual-'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002