'La mejor manera de combatir el cáncer es no tenerlo'. Esta frase de Graciela García, oncóloga de la Asociación Española contra el Cáncer, resume la idea que esta misma semana ha lanzado la Organización Mundial de la Salud (OMS): 'Con los conocimientos actuales es posible prevenir al menos la tercera parte de los 10 millones de casos de cáncer que surgen anualmente en todo el mundo. Si se dispone de recursos suficientes, esos conocimientos también nos permiten detectar precozmente y tratar con eficacia otra tercera parte'.
La importancia de la prevención que destaca la OMS no es una novedad. Pero es vital, si se tiene en cuenta que, como señala la organización, esta enfermedad ha aumentado un 50% en los últimos 10 años. En España es ya la segunda causa de muerte, según el Instituto Nacional de Estadística, y sólo en 1999 -la última fecha de la que ofrece datos- murieron 94.566 personas, casi 10.000 más que cinco años antes.
En España el cáncer es ya la segunda causa de muerte y sólo en 1999 hubo 94.566 fallecidos
¿Es que el Estado no destina lo suficiente a la prevención? La respuesta es difícil de expresar en términos económicos, puesto que las partidas que se dedican a evitar el cáncer se difuminan, según el Ministerio de Sanidad, entre presupuestos para investigación, campañas que afectan a la vez a otras enfermedades (como la que se hace contra el tabaco, que no sólo provoca cáncer) o programas de educación y planificación sanitaria. Pero sobre todo porque no es un problema sólo de dinero, sino de racionalización de recursos.
La inspección más reciente sobre los servicios que se ofrecen a los enfermos de cáncer la ha realizado la Federación de Sociedades Españolas de Oncología, que agrupa a diversas asociaciones médicas, en el Tercer Libro Blanco de la Oncología en España, presentado el pasado 26 de junio. Su principal conclusión sobre la asistencia oncológica en España es que hay 'diferentes modelos estructurales y se detectan grandes desigualdades por comunidades autónomas'.
Para solucionarlo, añade el informe, 'es imperativa la coordinación a escala estatal de un Plan Nacional de Cáncer'. Todavía más desde que las comunidades autónomas han asumido las competencias sanitarias.
El informe denuncia, por ejemplo, la gran diferencia en la distribución de los recursos destinados a la radioterapia, uno de los tipos de tratamiento -los otros dos son la cirujía y la quimioterapia- y destaca el déficit en Castilla-La Mancha, Murcia o Aragón. Muchos enfermos deben desplazarse a otras ciudades durante el tratamiento, lo que puede durar meses.
También se subraya 'una importante carencia en personal, lo que se traduce en una gran sobrecarga de trabajo'.Como solución los oncólogos proponen que se apueste por las nuevas técnicas de radioterapia, pero también que se establezca 'un ordenamiento en función de los condicionamientos geográficos y poblacionales'.
El Libro Blanco es muy duro también al examinar la cirugía del cáncer: 'El nivel global es deficiente, fundamentalmente por falta de una formación específica, una política oncológica nacional escasamente desarrollada y una escasa promoción y dotación de unidades oncológicas'. Los especialistas españoles recuerdan que este aspecto de la medicina contra el cáncer es muy importante a la hora de diagnosticar y también en la terapia.
Pero las posibles deficiencias en el sistema sanitario no son las únicas culpables de que la progresión en los casos de cáncer sea tan alta en España. 'El individuo debe tener su cuota de responsabilidad', matiza el doctor Alfredo Ramos, jefe de oncología radioterápica del hospital Ramón y Cajal de Madrid. 'Por ejemplo, el tabaco es productor de un gran número de tipos de cáncer, como el de pulmón o los de vejiga y faringe. Si se redujera su consumo se reducirían los casos hasta el punto de que serían anecdóticos'.
El Libro Blanco de la Oncología en España recoge en este sentido que el tabaco es responsable del 30% de la mortalidad que provoca el cáncer. De hecho, es el causante del de pulmón, el más habitual entre los hombres españoles. Entre las mujeres es el de mama. Y en ambos sexos el segundo más extendido es el colorrectal.
Otro factor de riesgo que se menciona en el informe es el consumo del alcohol: 'La prevención del consumo excesivo puede contribuir a reducir la mortalidad por cáncer en un 3-4%'.
Además, hay que añadir la mala alimentación, a la que se 'podrían atribuir el 35% de los cánceres', o la exposición excesiva a las radiaciones ultravioleta. La alta incidencia de todos estos factores, que dependen en su mayoría de cada persona, son, según el doctor Ramos, consecuencia de que a la educación sanitaria básica no se le da la importancia que se merece en salud: 'En un principio supone un gasto, pero después es un ahorro, porque es más caro mantener enfermos crónicos que prevenirlos'.
Pero también cree que el cáncer ha dejado de ser tabú. 'Antes era frecuente que los familiares entraran a pedirme que no dijera al enfermo lo que tenía. Ahora hay más soltura y cada vez hay más pacientes con buena información'. Eso se traduce en que se acude antes al médico.
'Hay que recalcar que es importante que se diagnostique cuanto antes y hay que acudir al médico ante determinados síntomas', señala la doctora Graciela García. 'Porque no hay tumores que sean más fáciles de curar. Todo depende del momento en el que se produce el diagnóstico'. Y éste también es un factor cuya responsabilidad está en gran medida en manos de cada persona.
Superviviente de dos tumores
Sofía Santos es una superviviente del cáncer. Prueba de que la medicina ya no es impotente contra una enfermedad que hace 20 años era una sentencia sin apelación y de que si hay un 50% más que muere, otros muchos logran escapar a las altas estadísticas de mortalidad. A sus 38 años ha vivido dos operaciones y un tratamiento de quimioterapia. Su caso es una mezcla de lo que dicen los médicos que es la mejor manera de vencer al cáncer: detectarlo a tiempo y asumir la enfermedad. Santos se dio de bruces con el cáncer en agosto de hace dos años. 'El viernes empecé a tener una fiebre muy fuerte, no me podía ni mover. El lunes por la tarde fui a urgencias y empezaron a hacerme pruebas', cuenta. Ya no salió del hospital. 'Al día siguiente, temprano, el médico me dijo que tenía un tumor más grande que una pelota'. Dos semanas después le extirparon un tumor de 11 centímetros y también el ovario al que estaba pegado. 'Me recuperé estupendamente. Pero cuando analizaron las muestras descubrieron que había otro tumor en el endometrio'. Ni siquiera se le llegó a cerrar la cicatriz de la primera operación cuando ya estaba otra vez en el quirófano. Apenas habían pasado 20 días. Como el segundo tumor había traspasado el cuello del útero, Sofía Santos tuvo que someterse además a un tratamiento de quimioterapia que acabó con las células malignas. Pero desde entonces su salud, su vida, está controlada por los médicos. Se somete a revisión cada seis meses y, la última, la pasó la semana pasada. Le dieron buenas noticias. Quizás por eso no le cuesta hablar de que ha tenido cáncer, que todavía vive con él. 'Aunque reconozco que soy capaz de olvidarme', apostilla. 'La verdad es que no he visualizado la muerte en ningún momento. Yo lo que hago es hablar mucho con mis amigos y decir cuándo estoy hecha polvo. Me siento bien, no me produce ningún tabú'. Explica, por ejemplo, lo difícil que es quedarse sin pelo: 'No tenía ni cejas, ni pestañas. Y te quedas sin expresión en la cara'. A ella, quedarse sin pelo en la cabeza no le resultó tan duro como eso: 'Me compré una peluca, pero me picaba. Me dije que qué necesidad tenía de otro suplicio. Yo empecé a ponerme la peluca por los demás, por miedo a dar lástima. Luego me di cuenta de que no me importaba que la tuvieran. Si tengo mal humor o no quiero salir, que la gente sepa que es porque tengo cáncer. Tu vida es lo más importante, lo demás da igual'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002