Con casi 70 años y dos hijos, el padre y tío de los Ketama, patriarca del toque, ha vuelto con otro disco. Enamorado de sus nietos, piensa que dos de ellos -'mi Lucas', de 5 años, y Lucía, de 6, 'que va a ser una gitana canastera'-, pueden heredar su arte flamenco. Y dice: 'Me retiro de tocar la guitarra, porque ya no puedo más'. Jura que esta vez va en serio.
Pregunta. Se pasa el día retirándose. ¿No le toma el pelo al respetable, con tanto ahora me voy, ahora vuelvo?
Respuesta. De eso tienen la culpa mis hijos: haz una cosita, un disquito.
P. Dígame en tres palabras qué ha puesto en el nuevo disco.
R. Flamenco, flamenco y flamenco. Yo soy flamenco desde que mi madre me echó al mundo.
P. Dice que le gusta también el rock y la música clásica. Pero creo que, como purista del flamenco, los Ketama le parecen unos chuflas.
R. [Risas] Qué va, por favor, eso nunca. Si fueran unos chuflas no estarían donde están.
P. ¿Pero es cierto que usted no va a oírlos ni muerto?
R. No, no, sí voy. Lo que pasa es que yo tengo un oído mal, y cuando voy a verlos, con ese ruido tan enorme que hacen, y muchas veces me suben al escenario, donde están los bafles, pues me molesta mucho.
P. ¿Se le acabó el duende cuando gestó a los niños, o es que le salió distinto con ellos?
R. El duende lo llevo yo en mi cuerpo. La vida va evolucionando, y ellos, gracias a esa música, ahí están. Yo llevo 60 años y tengo un piso de 65 metros.
P. ¿A qué político acompañaría a la guitarra?
R. Al Rey sí que le tocaba yo. Y le he tocado la guitarra en Granada, en una cosa que se hizo a García Lorca.
P. 'Sé cuándo un cantaor duele'. ¿Cuándo duele?
R. Cuando canta bien.
P. ¿Dónde duele cuando usted toca?
R. Pues eso yo no lo sé [risas]. Cuando yo estoy haciendo una cosa flamenca con mucho cariño, digo: 'Ésto le duele al que le guste el flamenco'.
P. ¿Pero qué duele: el hígado, el corazón?
R. Yo cuando escucho una cosa buena flamenca, se me pone el pelo... Me dan ganas de llorar. Pero no en la guitarra: en el toreo, en el fútbol. Y si veo a alguien jugando con arte, digo: 'Ése es flamenco jugando al fútbol'.
P. ¿Es usted del Atleti, como sus hijos?
R. Soy el único inteligente de la familia, y soy del Madrid. Igual que mi nieto Juan, que tiene 13 años. El resto, hasta 40 de familia, son del Atleti, y yo quiero que gane y que no baje, para que mi familia esté contenta.
P. Dicen que es un gitano cabal. ¿Qué es eso?
R. No ser embustero ni ratero, que no te guste lo malo, que seas buena persona, que te quiera la gente y que tú la respetes. Eso es un gitano cabal.
P. ¿En qué consiste el mal fario?
R. Cómo te diría yo... Es uno que a lo mejor lo ves y a los veinte pasos te atropella un coche.
P. ¿Y el malaje?
R. El malaje es uno que habla con mucha guasa, con doble sentido, para molestarte.
P. ¿Qué le cuenta a la guitarra?
R. Todo. Es mi segunda mujer. Cuando la acaricio, saco un sonido distinto a cuando la pego. ¿Has visto que tiene el cuerpo de una mujer?
P. ¿Es un maltratador de guitarras?
R. Nooo. De nadie. Ni de mujeres.
P. ¿Es más preciso con la guitarra o con el taco de billar?
R. Yo me acuerdo con Camarón, que nos íbamos a los billares Callao al terminar de actuar y, sin vestirse ni ná, nos jugábamos la cena o la comida del otro día.
P. ¿Quién ganaba?
R. Casi siempre yo. A veces me daba ya pena que pagara siempre, y me hacía el longuis y fallaba. Él jugaba sólo regular.
P. Dice que la mujer tiene que ir virgen al casamiento.
R. Sí. Los gitanos tienen ese derecho, y hay un respeto.
P. ¿Usted fue virgen al altar?
R. No, no [risas]. Porque yo, cuando tenía 18 años, pues hacía mis pinitos de oro y eso. Pero mi mujer, sí. Y eso todavía se lleva.
P. ¿Hay muchos gitanos que jueguen al mus?
R. Yo soy un monstruo jugando al mus. Juego al mus mejor que toco la guitarra. Tenemos una peña en la calle Velázquez, y a diario nos jugamos la comida.
P. ¿Y todos los días come de gorra?
R. No [ríe]. Algunas veces me pegan una hostia que me quitan la cabeza.
P. ¿Es el guitarrista más grande del cante jondo?
R. No, por favor. Eso no te lo permito que me lo digas. Hay muchísimos: está Paco [de Lucía], Manolo Sanlúcar, el Tomate, mi hermano Pepe Habichuela...
P. ¿El flamenco sigue siendo cosa de bares, más que de tablaos o de escenarios?
R. Era cosa de bares. Pero la primera vez que toqué en el Teatro Real con Enrique Morente, cuando yo vi ese Teatro Real, la mente se me fue a cuando tenía diez años, y me echaban de los bares. A los dueños de aquellos bares les diría: Ven p'acá, papafrita, que eres un papafrita.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 2002