Ver a nuestra alcaldesa apoyando la motorización de la ciudad, encabezando una marcha de motos provocantes de ruidos estridentes, no permitidos por la ley, y gases contaminantes acompañados por toda la parafernalia y simbología fascista (incluida cruces gamadas) que lleva esta movida.
Cuando a esa misma hora recorría la ciudad una marcha pacífica, silenciosa y sin malos humos de bicicletas que pedían otro tipo de convivencia en la ciudad y en el mundo. Donde los humos, ruidos y la pobreza hayan desaparecido para que otro modo de vivir más solidario sea posible. Aunque cierto tipo de políticos ni se enteran.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de julio de 2002