Además de observar desde la orilla la competición y participar en las fiestas que se celebran en Arriondas y en Ribadesella, inicio y final del descenso, nada mejor para llevarse un buen recuerdo de este lugar de referencia del piragüismo español que efectuar un descenso por el Sella. Dos empresas organizan bajadas en grupo que suponen un perfecto final para una doble aventura en tierras asturianas.
La otra parte de esta aventura está en la cueva de Tito Bustillo, en Ribadesella, centro de veraneo que anuncia con su espléndida playa las bellezas paisajísticas de montaña y litoral que se suceden en el oriente de Asturias. La cueva fue bautizada así en honor de uno de los espeleólogos que la descubrieron en abril de 1968. Se trata de un importante ejemplo del Paleolítico Superior (periodo Magdaleniense). Para visitarla conviene madrugar, ya que la entrada está limitada a un máximo diario de 375 personas.
El icono de la cueva, que forma parte de una red de cavernas conectadas entre sí, es una cabeza de equino perteneciente a la galería de los Caballos, donde se conservan en bastante buen estado distintas figuras de este animal pintadas sobre la piedra. También hay bisontes de la época glacial y un reno. Terminada la visita a Tito Bustillo puede accederse a una cueva contigua -la Cuevona- menos profunda pero mucho más grande, sobre cuyas paredes se proyecta un interesante audiovisual sobre el Paleolítico: La mirada del pasado.
Para que los más pequeños puedan soltarse un poco tras la rigidez obligada de la visita anterior, lo mejor es seguir por la misma carretera, donde, unos cinco kilómetros después, se encuentra otra cuevona, la de Cuevas, sin el pedigrí de las anteriores, pero más apta para los juegos. Se trata de una cavidad natural de unos 300 metros que dio origen -tras construirse la carretera que cruza su interior- al pequeño pueblo de Cuevas, donde termina la ruta. Los visitantes suelen dejar el coche a la entrada o salida de la cavidad y deambular por su interior disfrutando de sus rincones iluminados.
GUÍA PRÁCTICA
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de julio de 2002