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CARTAS AL DIRECTOR

Desde Almagro, con preocupación

Los que suscriben, almagareños enamorados de esta ciudad y, a la vez, halagados por el incremento

que tanto el turismo como sus episodios culturales están consiguiendo, hacemos un llamamiento a las autoridades competentes con el ruego de que consideren la trascendencia que la inobservancia en la normativa urbanística puede originar, trastocando el prestigio logrado durante muchos años debido a la pérdida de atractivo a que pueden dar lugar las actitudes anárquicas e incontroladas de los que realizan obras.

Cuando después de ausencias forzadas por nuestra vida laboral regresamos periódicamente a nuestra ciudad, observamos con tristeza azoteas visibles y de mal trazo, balcones rematados con frontones, aleros desorbitados y fuera de armonía o ventanas de aluminio en colores chillones, hasta dorados. Por no hablar de la plaza Mayor, con algunas viviendas tiradas y levantadas ex novo (utilizando materiales y elementos inapropiados) y cuyos soportales, abarrotados de objetos, han dejado de ser un privilegiado lugar de paseo para convertirse en zoco de artesanía 'asiática', junto a los que hacinan mesas y toldos multiformes, no conjuntados, que ocultan las perspectivas diáfanas de antaño. Son algunos de los ejemplos que se suman a los dudosos gustos de algunos arquitectos en edificios rehabilitados, que quieren pasar a la posteridad aunque sea -al parecer- para que se hable mal de ellos.

En definitiva, Almagro es un piropo y lo están convirtiendo en algo bien distinto. Nunca es tarde para rectificar. No esperemos a que sea inevitable la pérdida del prestigio y del buen gusto que ha hecho posible lo que era y aún es. Incluso a quienes los criterios estéticos les parecen poco prácticos y molestos, pero aprecian o se aprovechan de los jugosos beneficios del turismo, les deberían preocupar estos abusos urbanísticos. ¿Qué pasaría si matáramos la 'gallina de los huevos de oro'?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de julio de 2002