No sé si es por omisión o por comisión, pero el alcalde de Madrid peca. En esta ocasión el pecado es grave, porque puede costar la vida a alguno de los que vivimos en las proximidades de las calles de Pérez de Zúñiga y Agastia. En esa esquina está situada una de las fábricas de la pastelería Mallorca, y todos los días, repito, todos los días, aparcan en el cruce de esas calles más de veinte camiones y camionetas de todo tipo que impiden la visión y nos obligan a los vecinos que circulamos con coche a tener que sacar a ciegas el vehículo hasta la mitad del cruce para poder ver si viene algún otro coche, de manera que, si realmente viene alguno, es tarde para poder evitar la colisión.
Llevamos así meses. Se han producido decenas de golpes. Se llama a la Policía Municipal y hace oídos sordos o, como mucho, se da una vuelta, calla y otorga. Nadie pone coto a Mallorca, que campa por sus respetos y ha convertido esa zona en una especie de calle del Oeste. Y el alcalde, sin hacer nada.
Señor alcalde, ya que se va a ir, arregle esto antes, ¿o habrá que esperar a que haya un muerto, que llevará en su conciencia, para tomar medidas?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de agosto de 2002