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CARTAS AL DIRECTOR

Frivolidad

Me ha sorprendido mucho la publicación en la portada de su periódico de una fotografía en la que aparecemos en bañador, a la orilla del mar, mi marido, Joaquín Almunia, y yo, junto con el matrimonio Zapatero. De hecho, no daba crédito a lo que veía tratándose de un periódico como EL PAÍS -los amarillos eran los otros, ¿no?-.

La cuestión no es quién preparó esa foto -según insinuaba sin ningún fundamento el comentario de Maruja Torres del día siguiente-, sino por qué y para qué se decidió publicarla en primera y a todo color.

Esa mañana bajamos Joaquín y yo a darnos un baño y un paseo aprovechando esa primera hora -de luz maravillosa- en la que el mar siempre está en calma, y allí, como otros días, coincidimos con Sonsoles y José Luis.

No nos extrañó nada el modo en que vestían ni la presencia de un fotógrafo, al que Joaquín había saludado un momento antes, porque la noche anterior, tomando el delicioso cuscús que todos los años nos prepara Manolo Marín, nos dijeron que al día siguiente José Luis tenía una entrevista con EL PAÍS. Aunque el fotógrafo estuvo haciendo fotos durante los tres o cuatro minutos que charlamos en la playa, no dudé que, tratándose de su periódico, ninguna de ellas sería seleccionada para su publicación.

Ni el morbo político del pasado y el futuro, ni el morbo amarillista del bañador o el pantalón largo, ni mucho menos la insidia sobre quién pudo preparar la escena fotografiada, deberían ser razón suficiente para decidir la publicación de ésta en un periódico de la integridad que le supongo a EL PAÍS.

Al elegir esa escena de entre los varios carretes que, sin duda, empleó su fotógrafo en el reportaje sobre el lado humano del líder de la oposición, han mandado un mensaje de frivolidad que abunda en el ya bastante desolador panorama de los medios de comunicación, pero que creía impropio de su trayectoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de agosto de 2002