Temblando me he quedado después de escuchar al presidente del Real Madrid decir que Ronaldo ha tenido que hacer 'enormes sacrificios' para poder fichar por el club que preside. El jugador en cuestión cobrará más de mil millones limpios de las antiguas pesetas al año, y a esto hay que sumarle su contrato con la multinacional Nike. Pues si este señor, que no ha cumplido un solo contrato en su vida, que se ha tirado dos años sin dar un palo al agua pero cobrando hasta el último céntimo de su multimillonaria ficha, que es el estandarte de una empresa multinacional que tiene en el trabajo infantil una de las claves de su gran negocio, ha hecho un 'enorme sacrificio', qué debería decir Florentino Pérez de los millones de personas que no tienen acceso ni a las cosas más elementales, como agua potable, educación, salud, etcétera. Sin ir muy lejos, aquí mismo, en el país de las 'maravillas', de la 'España va bien', ¿cuántos millones de jóvenes pueden acceder a una vivienda, o a un puesto de trabajo digno y seguro?
Hacer un sacrificio es no poder estudiar para poder llevar un miserable sueldo a casa, en un empleo subcontratado, precario, y aún gracias. Sacrificarse es no ir jamás de vacaciones, vivir en un piso de 70 metros cuadrados cuatro, cinco o más personas, por el que se paga una hipoteca de 600 euros mensuales durante 25 años. Sacrificarse es aguantar acoso laboral para no perder el empleo, estudiar de noche, apenas dormir, pagar todos los impuestos y no llevar la 'nómina' a un paraíso fiscal; sacrificarse es enseñar a tus hijos que antes que 'tener' hay que 'ser', levantarse cada día cuando aún es de noche, y llegar a casa cuando el sol ya se ha puesto. Sacrificarse es ver a este señor en todos los informativos de todas las cadenas como si este derroche, este cinismo, esta prepotencia fuesen noticia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de septiembre de 2002