Refiriéndose a su libro La voz dormida, que recoge testimonios de mujeres que perdieron la guerra, Dulce Chacón utiliza la expresión 'la memoria como único homenaje', frase tremendamente acertada, sobre todo ahora que se retoman con renovada fuerza los intentos para rescatar del olvido a todas aquellas personas brutalmente asesinadas por defender un régimen político legítimo y sobre quienes, en muchísimos casos, se echó la tierra de una fosa común.
Con demasiada frecuencia se oyen voces que parecen reclamar la exclusividad de la condición de perseguidos por el régimen fascista, como si los tentáculos de la represión no se hubieran extendido por toda la piel de toro.
Aquellos asesinados y perseguidos lo fueron por representar y defender la legalidad democrática, por pensar diferente, igual que ahora. Conviene no olvidarlo. Las guerras no sacan a la luz lo mejor del ser humano, y dudo que alguien pueda salir inmaculado de ellas. Ejercitar la memoria es el mejor homenaje que se puede realizar a víctimas pasadas y actuales, como a mi abuelo Daniel, donde quiera que esté enterrado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de septiembre de 2002