Argentina se debate entre las drásticas medidas que pide el Fondo Monetario Internacional (FMI) para otorgar su ayuda, la cicatería de sus políticos y la resistencia de los jueces de plegarse a las exigencias del organismo internacional. Cada vez que se aproximan las posturas entre el Gobierno argentino y el FMI, se produce algún acuerdo parlamentario o alguna decisión judicial que desbarata el acuerdo. La intransigencia que muestran todas las partes está haciendo de la negociación un diálogo de sordos y torpedeando cualquier posibilidad de pacto.
Hay economistas que piensan, incluso, que el Gobierno de transición del peronista Duhalde jamás conseguirá un acuerdo con el fondo, que quedaría pendiente para su sucesor, que asumirá el poder en mayo próximo.
El director de Relaciones Externas del Fondo, Thomas Dawson, definió la situación de Argentina hacía días como 'muy difícil'. 'No hay consenso político sobre cómo avanzar', dijo. Falta un plan monetario y una reforma bancaria en un camino lleno de obstáculos legales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de septiembre de 2002