El jurado, presidido por la actriz china Gong Li, mostró, además de conocimiento del cine, independencia de criterio y cierta valentía al premiar con el León de Oro al admirable y arriesgado filme irlandés, escrito y dirigido por el célebre actor escocés Peter Mullan, Las hermanas Magdalenas. Flotaba aquí desde hace días una manifiesta hostilidad contra este filme -que relata el infierno de un convento correccional de mujeres descarriadas en la Irlanda de los años sesenta- de los poderosos medios vaticanistas, pero el jurado no se arredró.
En cambio sí pareció ceder a la presión que desplegaron algunos periódicos y casi todas las televisiones para que el pomposo y mediocre filme italiano Un viaje llamado amor, de Michele Placido, tuviera un puesto que no se merece en la lista de premios. Este puesto lo ocupó el actor Stefano Accorsi, que ganó la codiciada Copa Volpi a costa de actuaciones muchísimo mejores que la suya, como la del eminente actor frances Jean Rochefort en El hombre del tren.
La Copa Volpi a la mejor actriz fue a manos de la norteamericana Julianne Moore por su exquisita creación en la hermosa y singular película Lejos del cielo, de Tood Haynes, que también vio premiada su fotografía, obra de excepcional calidad de Ed Lachman. Pero la exactitud de este galardón choca también con otra gruesa arbitrariedad: la concesión -en una decisión que con toda evidencia confunde la habilidad con el talento- del Premio Especial del Jurado al filme La casa de los locos, escrito y dirigido por el ruso Andréi Konchalovski. Tanto este premio como el regalado a Stefano Accorsi fueron abucheados en la sala de prensa de la Mostra, llena de informadores y comentaristas.
Pero la sorpresa de la noche la dio el magnífico filme coreano Oasis, que fue distinguido con el premio a la mejor dirección a Lee Chang-dong y el Premio Marcello Mastroianni al mejor intérprete joven o, como dicen aquí, emergente, a la excepcional actriz Moon So-ri, una auténtica superdotada.
El jurado que concedió los premios estaba compuesto, además de por Gong Li, por el guionista y director francés Jacques Audiard, el poeta ruso Eugeni Evtuchenko, el productor alemán Ulrich Felsberg, el fotógrafo húngaro László Kovács y la directora turca Yesim Ustaoglu.
Por otro lado, el Premio San Marco de la sección paralela Contracorriente fue concedido a Tiempo de primavera, del chino Tian Zhuang Zhuang; y hubo un premio especial para el japonés Shinya Tsukamoto por A snake of june; y una mención especial para la producción hispanomexicana La virgen de la lujuria, de Arturo Ripstein. Y entre los premios no oficiales destacaron el de la Crítica Internacional, que se añadió a los ya obtenidos por Oasis, y un premio especial al mejor corto destinado a los 11 minutos que Ken Loach aporta al filme colectivo 11.09.01 sobre la catástrofe del 11-S. Es destacable el Premio Ciudad de Roma, al mejor filme para El caballero don Quijote, de Manuel Gutiérrez Aragón; otro premio a Oasis y uno más para Lejos del cielo, concedidos por la Oficina Católica del Cine. Y, por último, el Premio León del Público, que consideró a El hombre del tren, de Patrice Leconte, como mejor filme; a Jean Rochefort, como el mejor actor por la misma película, y a Julianne Moore como mejor actriz por Lejos del cielo.
En esta edición parece dar fin el breve paréntesis de la estrategia programadora impuesta el año pasado por Alberto Barbera y que el nuevo director, el suizo Moritz de Hadeln, ha heredado forzosamente (pues no ha tenido materialmente tiempo de desplegar una estrategia propia) y da la impresión de que con disgusto, pues se ha hablado aquí mucho estos días de su afirmación: 'He hecho innovaciones dentro de la continuidad, pero mañana será otra historia'. Son palabras un poco enigmáticas, pero que dejan caer que puede echar abajo el castillo de naipes levantado en 2001 por Barbera.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de septiembre de 2002