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Los países excluidos del espacio cibernético y del progreso tecnológico protagonizan el Festival Ars Electrónica 2002

'Mientras que el impacto del 11-S ha llevado a EE UU a la introspección y al aislamiento defensivo, en Europa adquirimos una visión más clara de la fragilidad del equilibrio global'. Así explicó Gerfried Stocker, director del Festival Ars Electrónica, que los sectores excluidos del espacio cibernético, de Internet y del progreso tecnológico protagonicen este evento que desde 1979 convierte a la pequeña ciudad austriaca de Linz en la meca internacional de artistas que crean y disciernen sobre los nuevos medios electrónicos.

El título del festival (que dura hasta el 12) es Unplugged o desenchufados. Como tales, los países africanos, esta vez muy presentes en las exposiciones, conciertos y debates. La socióloga Aminata Traoré, ex ministra de Cultura de Mali, abrió el primer simposio, que se retransmite cada día por Internet (www.aec.at). Fue contundente y habló de cibercolonialismo 'en un continente con escasez de dinero y corriente eléctrica, en el que las computadoras son más caras que en los países industrializados'. 'La técnica no ayuda nada en un África oprimida por un norte calculador que dicta al sur su forma de democracia a la vez que impone la producción exclusiva de materias primas para provecho propio'. Muy escéptico también el economista Jeremy Rifkin, quien advirtió a los artistas presentes de que 'tienen que comprender el nuevo sistema económico para jugar y criticar los nuevos medios; de lo contrario, será el sistema el que jugará con ellos'. Así como otros inventos revolucionaron la humanidad, la Red cibernética lleva a una transformación total de los paradigmas del mercado. Hoy, tener acceso supone un valor en sí que superará, dijo, el valor de la propiedad. Como ejemplo indicó que los niños compran juguetes Lego y acceden gratis al portal que les enseña a jugar. Pero pronto el juguete será gratis y pagarán por el acceso, lo que supone una 'idea brillante' desde el punto de vista comercial, pero 'patológica' socialmente.

Hoy dos terceras partes del mundo nunca ha usado un teléfono, y un tercio no dispone de energía eléctrica, pero para Rifkin esto no es lo peor, sino 'la pesadilla de despertar un día y notar que todos están enchufados, porque hasta que no intervenga un ingeniero genético, el hombre no está destinado a vivir enchufado 24 horas al día'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de septiembre de 2002