El mundo árabe necesita reformas económicas urgentes. Ésa es la principal conclusión del primer Informe sobre Competitividad en el Mundo Árabe 2002-2003 que hoy hace público el World Economic Forum (WEF). Pero detrás de los datos económicos que expone el texto hay también un claro toque de atención a los dirigentes políticos por los costes sociales de su actuación. De acuerdo con los especialistas que han trabajado en este proyecto, 'las diferencias de desarrollo del mundo árabe [con el resto] se han ampliado en los últimos años'.
El informe se planeó antes del 11-S, pero la encuesta que lo sustenta se realizó en el primer trimestre de este año y su presentación estuvo marcada por la sombra de aquella fecha. Hasta tal punto que el capítulo de apertura, 'Oriente Próximo: Guerra, Democracia y Modernización', se interpretó como que divide a los árabes entre los seguidores del islamismo de Osama Bin Laden y los del nacionalismo del príncipe Abdala, heredero de Arabia Saudí.
La provocativa presentación de Jonathan Story, profesor del INSEAD ( prestigiosa escuela de estudios empresariales), ya ha suscitado quejas de alguno de los líderes empresariales reunidos en Ginebra para conocer y debatir el informe. Story sostiene que, a raíz del 11-S, 'Oriente Próximo se ha convertido en política interior de Estados Unidos' y defiende que para los halcones de Washington 'la democracia estadounidense exige el cambio de líderes en toda la región'.
'Me temo que este capítulo va a desaparecer de la versión definitiva del informe', confesó un responsable del WEF, que, tal como advierte en todas sus publicaciones, no necesariamente respalda las opiniones de los autores. Pero los exabruptos de Story, en un texto por lo demás lleno de inexactitudes, no lograron eclipsar el ambiente de debate constructivo entre unos 300 asistentes a la reunión.
'La preocupación por la seguridad a raíz del 11-S sigue teniendo un peso importante en la actividad económica de varios países, sobre todo por la caída de los ingresos del turismo', admite el director del programa de competitividad global del WEF, Peter Cornelius. Sin embargo, más allá del incierto panorama a corto plazo, el equipo de especialistas se ha centrado en establecer los factores estructurales que frenan el despegue de esta importante región del mundo.
'El 11-S no ha frenado la globalización, sino que ha agudizado y acelerado el objetivo de erradicar la pobreza. No porque ésta alimente el terrorismo, sino porque choca con la ética y la moral', aseguró el director ejecutivo del WEF, Frédéric Sicre, al presentar el Informe sobre Competitividad en el Mundo Arabe. Sicre recordó dos de los puntos en los que insiste el documento: el mundo árabe tiene la menor tasa de crecimiento después de África y cuenta con uno de los mayores crecimientos demográficos (sus 290 millones de habitantes se duplicarán en 30 años). 'Queremos que esta reunión sirva para establecer un mapa de trabajo para promover el crecimiento y la competitividad', afirmó Sicre.
'Es cierto que el parón actual tiene mucho que ver con el descenso de la producción de petróleo y la seguridad, pero también con el declive de los ingresos reales per capita en la mayoría de los países árabes en los últimos 10 años', precisó Cornelius. Entre sus ejemplos, Arabia Saudí, donde el PIB per cápita se han reducido a la mitad desde que alcanzaran su cota más alta en 1980. Los ingresos también han caído durante ese periodo en Irak, Kuwait y Libia.
Cornelius también se hizo eco de los tres déficits resaltados en el Informe sobre Desarrollo Humano en el Mundo Arabe de la ONU (junio 2002): derechos humanos, promoción de la mujer y adquisición de conocimiento. 'Reducir, y eventualmente eliminar, estos tres déficits es una condición necesaria para que el mundo árabe pase a una trayectoria de mayor crecimiento en el futuro', defendió.
Los participantes árabes en la presentación estuvieron de acuerdo, aunque con matices. El jeque Hamad al Thani, ministro de Asuntos Exteriores de Qatar, explicó que los Gobiernos y los pueblos árabes tienen recelos sobre la globalización, porque la perciben como una 'imposición unilateral de un país o una cultura, como otra herramienta del poderoso contra el débil'. No obstante, admitió las 'carencias [de los árabes] en distintos campos'. 'La apertura de los mercados que se nos pide no es suficiente para garantizar el desarrollo y el crecimiento', advirtió. 'Nos arriesgamos a que nos inunden con mercancías baratas y destruyan nuestra producción local'.
'Nos exigen que nos abramos, pero el resto tiene que abrirse también y tratarnos como iguales', pidió el jeque Hamid antes de recordar que Estados Unidos y Europa cada vez aumentan más las medidas que limitan y bloquean el movimiento de personas y mercancías.
El ministro jordano de Planificación, Basem Awadallah, admitió 'la necesidad de que los Gobiernos estén en sintonía con sus pueblos, de forma que éstos puedan expresar libremente sus ideas, tener igualdad de oportunidades y sentirse representados'. Esta condición falta en prácticamente todos los países árabes, incluidos los que celebran elecciones en forma periódica.
Awadallah explicó que ésta es la única forma de ofrecer un futuro a ese 75% de la población árabe que tiene menos de 29 años. 'Necesitan educación, sanidad y oportunidades económicas. Todos ellos no pueden emigrar a Occidente'.
Diez consejos a los líderes árabes
El director del programa de competitividad global del WEF, Peter Cornelius, resumió las recomendaciones que los autores del informe ofrecen a los líderes árabes:
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de septiembre de 2002