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COLUMNA

9-11 / 11-9

Algunos la han llamado una 'larga siesta estratégica', pese a que los europeos, con Yugoslavia, viviéramos una pesadilla. Pero de la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre (9-11) de 1989, al atentado del 11 de septiembre (11-9, o 11-S) del año pasado hay más que una distancia temporal o la inversión de unas cifras. Hay algunos hilos conductores que llevaron de lo uno a lo otro. De unas esperanzas de un mundo mejor a un mundo que aparece como peor.

La caída del muro de Berlín y la posterior desaparición de la Unión Soviética pusieron fin a la disuasión nuclear y a la era de la bipolaridad. Como señalara Philip Windsor, el énfasis en la supervivencia pura, pues eso es lo que estaba en juego con la disuasión nuclear, hizo que con la guerra fría quedara en buena parte excluido de las relaciones internacionales 'el debate sobre los valores y sobre las culturas'. Ahora ha vuelto con fuerza, aunque no necesariamente bajo la forma de ese choque de civilizaciones sobre el que advirtiera Samuel Huntington, y que persiguiera, fracasando, al menos de momento, el propio Bin Laden. Dos resultados no buscados de su ataque pueden ser la conversión de EE UU en imperio y el debate que se ha abierto en y sobre el bloqueo del mundo árabe.

Un fenómeno como Al Qaeda es, en parte, producto del fin de la guerra fría. Pues la superación de la competencia entre las dos superpotencias y la previa retirada soviética de Afganistán dejaron a este país en una situación de abandono estratégico, presa fácil para el dinero y la organización que montó Osama Bin Laden, mientras que muchos de los luchadores árabes regresaban a sus países, como Argelia, para engrosar las filas de los movimientos islamistas violentos. Se calcula que en los últimos 10 años unos 25.000 árabes pasaron por Afganistán y Pakistán, y hay otros territorios abandonados con el fin de la guerra fría, en particular en África, como Sudán, la anterior base de La Base. Pakistán también fue abandonado por sus padrinos de entonces, EE UU y China. Los servicios secretos occidentales se volvieron comodones confiando en los satélites en vez de patearse el terreno. Y la guerra del Golfo de 1991, también derivada del fin de la guerra fría, quedó a medias. Pero eran tiempos de júbilo para Occidente.

La ex directora del servicio de inteligencia británico MI-5, Stella Rimington, considera que EE UU 'no ganará la guerra contra el terrorismo', pues una guerra así 'no se puede ganar a no ser que se erradiquen las causas del terrorismo haciendo del mundo un lugar libre de resentimientos', lo que 'no va a ocurrir'. El 11 de septiembre despertó algunas conciencias, pero durante poco tiempo. Poco después, el 14 de noviembre de 2001, la Organización Mundial del Comercio (OMC) decidió lanzar en Doha un nuevo proceso de negociaciones comerciales, la llamada Ronda del Desarrollo. Pero desde entonces EE UU se ha cerrado, aunque tanto este país como la UE hayan aumentado su ayuda al desarrollo. Y está por ver cómo se traducen a la práctica las buenas intenciones hacia el desarrollo expresadas salidas de la cumbre de la Tierra en Johanesburgo.

El 9-11 supuso una explosión de libertades. Pese a las dificultades incurridas, una gran parte de Europa del Este ha mejorado, y también Rusia, aunque le quede mucho camino por recorrer. En contraste, el 11-9, en una mala orientación de la lucha contra el terrorismo y el oportunismo de los más conservadores, ha llevado a una regresión de las libertades en buena parte del mundo, comenzando por EE UU, que ha traicionado así sus propios principios, que debería recuperar cuanto antes, como recomienda el ex presidente Jimmy Carter.

Si el 9-11 despertó una ola de optimismo, el 11-9 lo ha hecho de pesimismo. Ahora se trata de lograr la síntesis y avanzar; de construir, y no simplemente destruir.

aortega@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de septiembre de 2002