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CARTAS AL DIRECTOR

Al filo de una conmemoración

Se está preparando la conmemoración mundial del drama del 11 de septiembre de 2001. Creo que es un error. La historia reciente de la humanidad está plagada de dramas similares, que nadie conmemora. Y es mejor. ¿Qué ocurre? Que el drama tuvo lugar en Estados Unidos, que se creían inexpugnables. Y la obsesión por devolver a su pueblo la garantía de 'inexpugnabilidad' la han convertido en su único norte, obnubilándoles la inteligencia y cerrándoles el raciocinio.

Esto es malo, cuando ocurre en un país. Y cuando los dirigentes, esclavos de esta obsesión, creen actuar rectamente al silenciar otras voces que no comparten dicho criterio. Y silenciar estas voces quiere decir saltarse todas las normas democráticas de respeto a la opinión. Como se saltan todas aquellas normas democráticas que no sean afines a esta única obsesión.

Pero cuando quienes llevan esta política se sienten capitanes del mundo y están intentando extender este criterio a todos los países, la cosa se puede poner francamente fea. Y es lo que está ocurriendo.

¿Dónde está la humildad, el raciocinio, la capacidad de análisis, el reconocimiento de errores, la fe en el intercambio de opiniones...? ¿Se han terminado de repente los políticos de altura?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de septiembre de 2002