Hace más de medio siglo tuvieron que echarse al monte tras aquella cruenta guerra que dividió España de 1936 a 1939. Ayer, una decena de guerrilleros republicanos, mujeres de la guerra e hijos de combatientes acudieron a Tolox (Málaga) con motivo de la Caravana de la Memoria Histórica. Esta iniciativa de la asociación Archivo, Guerra y Exilio (AGE), la tercera marcha que organiza desde 2000, tiene como objetivo 'recuperar del olvido' los testimonios de quienes 'lucharon por la libertad y fueron perseguidos por Franco', afirma Dolores Cabra, secretaria general de AGE. Desde 1997, esta asociación hace suya las voces de los guerrilleros, las brigadas internacionales, los niños de la guerra, la resistencia y el exilio español.
Atrás quedaron las persecuciones, miles de muertes, torturas, años de cárcel y exilio. AGE mantiene abiertos diversos frentes de acción, como recuperar todos los documentos dispersos por diferentes países. También exige que los archivos de la Guardia Civil sobre estas personas sean abiertos al público. ¿El objetivo? 'Recuperar la memoria de los que lucharon contra el franquismo, los que no aparecen en los libros de texto', asegura Cabra. Otra reivindicación es que todas las administraciones públicas destierren el término bandoleros al dirigirse a estas personas.
'Somos guerrilleros que hemos luchado por la democracia que ahora todos disfrutan', puntualiza Francisco Martínez López, nacido en 1925 e incorporado en 1947 a la segunda agrupación de León, 'la última en caer' en dicha provincia y en la que convivió con el célebre Manuel Girón.
El Congreso les reconoció como guerrilleros en mayo de 2001, pero no les atribuye las indemnizaciones que solicitan como militares que lucharon por la democracia. Francisco Martínez cree que es una 'parodia' al tratarse de una proposición no de ley -presentada por PSOE e IU- que 'no cambia' su situación jurídica. Tras acreditar cuatro años en la guerrilla con documentos que recibió del Ministerio de Justicia en 1995, el mismo gobierno que aprobaba esa proposición le decía que su situación jurídica no había cambiado, según explica. 'En una carta, el defensor del pueblo me dio la razón, pero sólo podía recomendarme que acudiera a mi comunidad autónoma a ver si tenía más suerte', relata. A su lado, dos compañeros enarbolan la bandera republicana por las calles de Tolox y solventan las empinadas cuestas. Aún son buenos escaladores a pesar de la edad.
Quico, como conocen a Francisco Martínez, está decepcionado con los movimientos políticos durante la transición democrática: 'Las fuerzas de izquierdas, todas, se abrieron su camino parlamentario olvidando al pueblo. Comprendo la dificultad de negociar en aquel momento, pero no se puede negociar con la identidad de unos valores de libertad por los que muchos murieron', lo dice un militante comunista autor del libro Un guerrillero contra Franco. 'La izquierda se olvidó de nosotros porque nuestra lucha no era la suya. En 1982, cuando el PSOE ganó, era el momento de recuperar la historia', lamenta.
Como sus compañeros, Francisco Martínez se ve ganador del aire que ahora respira y que transporta unas palabras antes clandestinas. Le dan igual las compensaciones económicas. Le importa más que la sociedad oiga a todos. 'Aún vivimos bajo los reflejos condicionados del miedo', opina Quico, exiliado desde el 24 de septiembre de 1951 hasta la muerte de Franco. Dolores Cabra matiza que, en charlas que han mantenido con personas mayores, la gente aún tiene miedo de hablar en público. No obstante, ellos intentarán recabar y ofrecer toda la información que puedan en su recorrido por Ronda, Alhaurín el Grande, Tolox, Montejaque, Arriate, Teba y Cuevas del Becerro. Les apoyan la Diputación de Málaga y los citados municipios.
Junto al Balneario de Tolox, una placa homenajea la lucha de los guerrilleros. Se puede leer: 'Voluntarios por la libertad'. El padre de Mary Sánchez Monroy luchó contra el franquismo. Ella salió de España en los brazos de su madre cuando tenía un mes. Al cumplir dos años ya había pasado la mitad de su vida en la cárcel. Vivió en el exilio, igual que sus padres. Ni ella, ni Francisco Martínez, ni muchos otros se consideran voluntarios. Agradecen el gesto pero cambiarían este y otros rótulos por otro: 'Guerrilleros por la libertad'.
El papel de las mujeres
Con 19 años, Esperanza era enlace y suministraba alimentos y armas a los guerrilleros. Acumula dos consejos de guerra y dos condenas de 26 años cada una. Pasó 15 años en la cárcel. 'Sólo las propias convicciones ayudan a sobrevivir en una cárcel que, al fin y al cabo, era como estar en la calle, era una extensión del régimen'. Hace poco más de un año, casi octogenaria, recibió algo más de 6.000 euros como compensación por su periodo en prisión. Junto a sus dos hermanas, su cuñado y su padre, se incorporó a la agrupación Levante, donde permaneció dos años. 'Mi grupo tenía contactos con Francia y trabajé llevando guerrilleros hacia la frontera hasta que, a la cuarta vez, me denunciaron y fui detenida', explica. Aunque no tuvo que usarla, llevaba pistola y practicaba con el fusil junto a sus compañeros. Esperanza, que perdió a su padre y a su cuñado, tiene algo muy claro: 'La guerrilla no hubiera sido posible sin la ayuda de las mujeres en la sombra, la mayoría sin armas, pero frente al cañón'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 2002