En diciembre pasado, en un artículo con el título de Los Verdes, a prueba, exponía mis impresiones sobre la situación de este movimiento en Europa, después de haber asistido en Budapest a la reunión del consejo de su federación.
En ella pude conocer y escuchar a Joschka Fischer, que fue la figura central del encuentro, y, al margen de las destacadas características de líder en funciones que puso en evidencia, exhibiendo con naturalidad los símbolos propios del poder, tan poco habituales en las tradiciones de los Verdes, lo cierto es que a través del debate dejó claro que el futuro del movimiento verde como una fuerza que, más allá de la protesta testimonial, quiere influir positivamente en la realidad está en aceptar el compromiso político desde los principios y no intentar inútilmente reducir a los principios la actuación política.
La nueva etapa que ha abierto la experiencia alemana, más allá del liderazgo de Joschka Fischer, supone cambios trascendentales en los Verdes
Esa afirmación me llevó a sentenciar que 'el movimiento verde está avanzando en un proceso de transición que va de la reflexión ecológica sin contaminación a la contaminación ecológica del poder político'.
El reciente resultado de las elecciones en la República Federal Alemana y las consecuencias que se desprenden vienen a confirmar esta afirmación. A la vez, nos invitan a profundizar en su significado, para ir más lejos de los legítimos intentos de aprovechamiento electoral que han agitado al mundo verde en general. Y a hacerlo no sólo para valorar la profunda significación de este movimiento, sino también para intentar explicarse qué comporta esta transición en algunos aspectos que han caracterizado ciertos sectores de la cultura verde. Entre ellos, a mi criterio, hay que destacar como mínimo cuatro: los hábitos asamblearios, en detrimento de la organicidad; la tendencia a la dispersión frente al consenso y la cohesión; la reivindicación ecológica al margen de la social, y la apuesta por la contestación global sin concesiones al compromiso político.
La nueva etapa que ha abierto la experiencia alemana, más allá del liderazgo personal de Joschka Fischer, ha supuesto en el seno de los Verdes alemanes la aceptación más o menos implícita, pero ampliamente mayoritaria, de cambios trascendentales que les han convertido por su importancia cuantitativa y cualitativa en una referencia fundamental que también se ofrece como una perspectiva de futuro.
Al mismo tiempo, se configura una nueva actitud en relación con aquellas cuatro características del movimiento verde. En primer lugar, apostando a favor de valorar la necesaria articulación orgánica, sin necesidad de caer en el burocratismo pero aceptando el compromiso colectivo. En segundo lugar, evitando la dispersión que ha hecho estériles tantos miles y miles de votos.
En tercer lugar, desechando el temor a desnaturalizar los principios, sabiendo utilizarlos para hacer eficaz su potencial social. Y en cuarto lugar, y tal vez de una forma especial, proyectando su acción progresista a todas las políticas, conscientes de que la ecología no es un departamento autónomo y aislado desde el que se puede actuar sobre el medio ambiente, sino una concepción que para ser eficaz debe atravesar todos los ámbitos de la acción política, a la que no sólo debe contaminar sino que, en su interior, como terreno propio, debe representar también la defensa de los valores de radicalidad democrática, justicia social, paz y solidaridad que son el patrimonio irrenunciable de la izquierda histórica y sin los cuales no hay futuro sostenible. Es decir, contaminar contaminándose.
Después de la victoria en Alemania, con más fuerza y con más responsabilidad, los Verdes siguen estando a prueba.
yectando su acción progresista a todas las políticas, conscientes de que la ecología no es un departamento autónomo y aislado desde el que se puede actuar sobre el medio ambiente, sino una concepción que para ser eficaz debe atravesar todos los ámbitos de la acción política, a la que no sólo debe contaminar sino que, en su interior, como terreno propio, debe representar también la defensa de los valores de radicalidad democrática, justicia social, paz y solidaridad que son el patrimonio irrenunciable de la izquierda histórica y sin los cuales no hay futuro sostenible. Es decir, contaminar contaminándose.
Después de la victoria en Alemania, con más fuerza y con más responsabilidad, los Verdes siguen estando a prueba.
Antoni Gutiérrez Díaz es miembro de ICV
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 2002