Si alguien tenía dudas sobre la calidad del torneo de Madrid puede quitárselas de la cabeza. Al rockódromo acudirán los mejores jugadores del mundo, no porque tengan la obligación de disputarlo -que la tienen-, sino porque necesitan los puntos que otorga un Masters Series para asegurarse una plaza de las ocho que ofrece el torneo de los maestros en Shanghai en noviembre.
És una razón de peso. Aunque quedan poco más de tres semanas para el inicio de la última cita del año, sólo dos jugadores tienen asegurada su plaza: Lleyton Hewitt y Andre Agassi. Incluso el tercer clasificado, Marat Safin, se ha visto obligado esta semana a pedir una invitación para jugar el torneo de Lyon. En peor situación aún se encuentran Juan Carlos Ferrero, cuarto; Tim Henman; Carlos Moyà, sexto; Albert Costa, séptimo, y Tommy Haas, octavo. Hoy, éstos son los elegidos. Pero en Madrid van a definirse mucho mejor estas ocho posiciones, puesto que estarán en juego los 100 puntos que concede un Masters Series a su ganador. Entre esta y las próximas tres semanas un jugador podría ganar 295 puntos si se impusiera cada semana en un torneo. Y la distancia que separa a Safin, 15º clasificado, de Àlex Corretja es sólo de 164 puntos.
Puede que Madrid sufra alguna baja de última hora, además de la de Pete Sampras, pero no es previsible. Es el penúltimo Masters Series -sólo hay nueve en todo el año y el último se juega en París- y se ha convertido en el mejor torneo de España y en uno de los cinco mejores de Europa, por detrás sólo de los Grand Slam de Roland Garros y Wimbledon.
Los 54 mejores jugadores del mundo tienen que jugarlo. Pero eso no garantiza nada. Si el año que viene los ocho maestros están más definidos (algo improbable), las bajas pueden aumentar y el nivel del torneo bajaría. Por el momento, Madrid contará con lo más granado. La lástima es que la propiedad del torneo siga siendo del rumano Ion Tiriac.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de octubre de 2002