Por mi luna de miel, viajé a España y fuí también a Cádiz por unos días. La que fue nuestra habitación estaba en un hostal muy cerca de la playa de la Victoria, enfrente de la glorieta Ingeniero de la Cierva. La dueña nos dijo que en el fin de semana había mucho ruido de la plaza... ¡No pudimos imaginar cuánto! A las doce de la noche, más o menos, se da cita allí una cantidad de jóvenes cargados de bolsas con botellas, plásticos, hielo y allí se quedan charlando y bebiendo. Todo eso se acaba a las seis de la mañana, así que nos ha desaparecido el sueño por tres noches. Entonces empiezan los barrederos. Pude contar 12 barrenderos y dos autocisternas. La recogida de la basura y la limpieza de la plaza necesitan dos horas más. Me había dado cuenta de que Cádiz es una ciudad muy limpia; ahora sé que lo es a pesar de sus ciudadanos más jóvenes.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de octubre de 2002