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GENTE

CAROLINA SABOREA LENTEJAS

Donde se ponga un valle de encinas y berrocales, el piñoneo de las perdices, el crotoreo de las cigüeñas... que se quiten amaneceres y atardeceres entre bloques de hormigón del apelmazado Mónaco. Seguro que esto piensa Carolina de Mónaco, que cada octubre, en víspera de Todos los Santos, inicia su peregrinaje hacia las duras pero hermosas tierras de los llanos cacereños. Y allí, en una finca llamada Las Golondrinas, propiedad del conde de Tres Palacios, ejercita su deporte favorito. ¡Pim, pam, pum, fuego! Perdiz a la olla. Otra vez ha repetido experiencia acompañada de su marido, Ernesto de Hannover, y de Andrea, Carlota y Alexandra, hijos comunes de la pareja y de sus anteriores enlaces. Cazar por aquí es una gozada, asi que Carolina y Ernesto abatieron cientos de perdices, circunstancia nada rara cuando se llevan bateadores, ojeadores y secretarios, porque esto es un paraíso cinegético. Pero todos fueron felices. Caminaron, hablaron, dispararon y comieron torta del Casar, jamón ibérico, lentejas y huesos de santo. La familia Hannover-Grimaldi ejerció también de turistas, visitando esas joyas monumentales que son Trujillo y Guadalupe, y hoy repetirán jornada de caza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de octubre de 2002