Ya sé que el miedo es libre, pero acabo de leer que la Guardia Civil de Santa Pola va a tener que instalarse en un polígono industrial por el rechazo de sus vecinos, y he sentido un asco y un desprecio horribles. La actitud de esos vecinos cobardes es la misma de aquellos vascos que dejan que las víctimas de ETA se manifiesten sólas por las calles de Euskadi. El miedo y la poca vergüenza son libres, pero mi repulsa también.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de octubre de 2002