Recuerdo que hace unos años, cuando querías visitarte con tu médico de cabecera, tan sólo tenías que ir al ambulatorio pedir número y ponerte a la cola hasta que te tocara. Ventaja para el enfermo: ese mismo día tu médico te visitaba. Inconveniente: el médico no sabía nunca el número de pacientes que visitaría. Lo mismo era aplicable al medico especialista: te visitaba el mismo día. En dos o tres días, tu problema de salud estaba en vías de solución.
La mejora en la asistencia sanitaria, así nos lo vendieron, suponía una mejora en la atención asistencial, horas programadas, más tiempo con los pacientes, menos horas de espera, etcétera Como se puede comprobar fácilmente, en muchos ambulatorios eso no ha funcionado así. Hoy es fácil pedir hora para tu médico de cabecera y que te la den para al cabo de una semana. El especialista anda entre las dos y cuatro semanas como mínimo. Tener visita concertada, por otra parte, no significa que se te visite puntualmente. No es infrecuente haber de esperar una hora. No entraré en la atención hospitalaria y las pruebas diagnósticas en estos centros. Va de meses a algún año.
Una enfermedad que en un centro privado puede tener pruebas, diagnóstico y tratamiento en una semana, en la sanidad pública es cuestión de muchos meses. Cualquiera que acuda a un ambulatorio lo sabe perfectamente. Así como también lo saben sus gestores. Me indigna la escasa atención que brindan nuestros políticos a algo tan importante para la sociedad: su salud.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002