Minucioso y profundo, el pintor Gaspar van Wittel (1652-1736) dio emoción casi humana a las panorámicas de Roma y de todas las demás ciudades italianas que retrató durante su larga estancia en el país. Una parte importante de su obra, conocida y al mismo tiempo ignorada por los grandes críticos, se expone por primera vez en Roma, en el Chiostro del Bramante, hasta el 2 de febrero próximo.
Entre los 70 lienzos y la veintena de dibujos figuran varios procedentes del Museo del Prado, de la colección Thyssen Bornemisza y del Hospital Tavera, de Toledo, que custodia la colección Casa Ducal de Medinaceli, para uno de cuyos miembros, Luis de la Cerda, IX duque de Medinaceli y virrey de Nápoles, Van Wittel trabajó. Nacido en Amersfoort (Holanda), cerca de Utrech, Van Wittel llegó a Roma con apenas 20 años y en la ciudad de los papas comenzó a trabajar con un ingeniero hidráulico, compatriota suyo, dibujando 50 vistas del Tíber, destinadas a un proyecto para hacer navegable el río entre Roma y Perugia. En estos dibujos, precisos, matemáticos, está presente ya el estilo personal de Van Wittel, que acabaría nacionalizándose italiano, y se haría famoso con el nombre italianizado de Gaspare Vanvitelli. Los setenta cuadros expuestos en el espectacular Claustro del Bramante, en el centro de Roma, rinden tributo a un pintor que trabajó casi siempre como asalariado de los grandes señores de la época (los Colonna o los Medinaceli) y fue capaz de inmortalizar la Roma moderna, a caballo de los siglos XVII y XVIII, descrita como un paisaje vivo y ciudadano que crearía escuela. Sus 'vistas' de Roma, como también de las pequeñas ciudades próximas a la capital italiana, o de Venecia, Florencia y Nápoles, ciudades en las que pasó temporadas y de las que ha dejado numerosos retratos, contienen elementos vivos, casi humanos, que las convierten en testimonios únicos del pasado. Vanvitelli se movió en Roma en los círculos de pintores flamencos, reputados en todo el mundo por su maestría, y con el tiempo fue desarrollando su poderosa personalidad pictórica, que se basa en el reflejo minucioso de la realidad, rica de movimiento y vida. En una época sin fotografías, Vanvitelli utiliza una curiosa cámara óptica para tomar sus 'vistas' romanas, que resaltan las grandezas y las miserias de la ciudad, colocando palacios y monumentos en el contexto desigual de la urbe. Vanvitelli parte de la tradición holandesa porque, como han demostrado estudios de los años sesenta del pasado siglo, un maestro indiscutible como Johannes Vermeer utiliza ya la 'cámara oscura' en sus prodigiosos y minuciosos retratos. El instrumento, todavía rudimentario, era conocido en Europa desde principios del siglo XVII. Mientras Vermeer crea una visión barroca, romántica en sus lienzos, Vanvitelli se sitúa ya en una óptica iluminista, dominado por el espíritu clásico de la ciudad. Y el propio Canaletto utilizará esta técnica al retratar los canales venecianos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002