El Jardín Botánico de Valencia abrió ayer sus puertas a la curiosidad infantil y a los juegos para fomentar el amor a la naturaleza. Como en años anteriores en la Semana de la Ciencia, la Universidad de Valencia entretuvo a cientos de niños y niñas con un original recorrido por el mundo de los árboles y los frutos que dan a través de los sentidos. Los monitores pusieron a prueba la capacidad de observación de los pequeños, que debían reconocer cuatro árboles a partir de sus hojas, reproducidas en unos cartones que resumían las características. Tras esta prueba, les esperaba la mesa del gusto, en la que con los ojos vendados probaron el sabor del aceite, el cacao..., con un caramelo de premio para los acertantes. En otra mesa, los que tenían el oído fino lograron distinguir el sonido de unos granos de cereal de los del corcho blanco. Por delante les quedaba distinguir el olor del tomillo o el romero, conocer el algodón por el tacto, o sentarse alrededor de un cuentacuentos...
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002