Las terrazas y la ropa colgada a secar al aire libre se cubren de una fina capa negra en los barrios que bordean el río Buñol. Son las negras partículas de carbonilla que expulsan las chimeneas de las empresas papeleras, cuyos humos también invaden las casas de olor a podrido. Nada nuevo para los vecinos de la calle de Reyes Católicos y otras cercanas, que llevan demasiados años soportando este aire viciado como para ilusionarse con la última ofensiva del Ayuntamiento de Buñol contra una de las industrias de mayor tradición del municipio, la papelera. Sobre las siete fábricas del sector pesa la amenaza de expedientes y sanciones por contaminación atmosférica, y el Ayuntamiento, gobernado en minoría por Esquerra Unida, dice que llegará hasta la Fiscalía si las empresas no atajan las emanaciones de carbonilla, resultado del uso del fuel como combustible, explica el concejal de Medio Ambiente, Vicente Roca. El Consistorio 'ha transigido' hasta el momento porque las conducciones de gas, necesarias para acometer la sustitución del fuel, no habían llegado a las fábricas, pero hace ya un año que está lista la conexión. 'La solución es el gas, es mucho más limpio', dice Roca.
Seis de las empresas están ubicadas en los márgenes del río Buñol, separadas tan sólo tres kilómetros la primera de la última, y conviven, algunas pared con pared, con unos 2.000 vecinos; otra se instaló en la zona alta, en el barrio de San Rafael, con unos 500 habitantes. Sólo una de las industrias ha pedido la conexión del gas; a las demás, Roca pretende darles una moratoria de unos meses, 'pero no más, porque a los vecinos hace tiempo que se les acabó la paciencia'.
Unos vecinos que no sólo se quejan de la carbonilla, popularmente llamada sucha (del valenciano sutja), sino también de los malos olores de los residuos de las papeleras, que deben superar un tratamiento para no dañar la depuradora de Alborache-Buñol. 'Antes las papeleras echaban los desechos al río, ahora dejan que se sequen y luego se pudren, y producen malos olores y gases. Es insoportable vivir aquí por el olor', afirma Salvador Iniesta, que ha enviado 'protestas al Ayuntamiento que no han servido para nada'. Maite Boluda, otra vecina, tiene un hijo de corta edad y recuerda con disgusto su embarazo: 'Pasé una época que creía que me moría de ese olor, pensé incluso en irme. Es olor a química y eso no es bueno para la salud'. En esa línea abunda Juan Antonio Pallás: 'Tenemos documentación donde se especifica que esas emanaciones provocan muchos problemas respiratorios. En este ambiente los vecinos no pueden vivir'. Hay vecinos, en cambio, que señalan que alguna de las fábricas ha cambiado la chimenea, con lo que al menos el problema de la carbonilla ya no es tan grave. Las papeleras optan mayoritariamente por el silencio, aunque la empresa Pompeyo Criado insiste en que hace 'constantes mejoras' y que usará el gas a finales de año. 'Esa no es la solución, el gas no va a evitar que los colorantes y otros productos que usan para tratar el papel sigan saliendo por las chimeneas', replica Florentín Carrascosa, del grupo ecologista Tamus, que achaca la ofensiva del Consistorio a un arrebato ante la cercanía de las elecciones, porque 'el problema viene de lejos'.
Muchos vecinos prefieren quedar al margen de la polémica: 'Ya sabemos los problemas que causan las papeleras, pero también crean puestos de trabajo y si desaparecen, ¿qué hará esa gente?', dice otra vecina, que no quiere identificarse. La mayoría de los afectados son gente mayor 'que no quiere líos', tercia Iniesta, aunque los hay que llevan años denunciando a las papeleras, como Juan Antonio Pallás: 'La misión del Ayuntamiento es la de defender el interés social y de los vecinos, y no ha cumplido'.
Conciliar la calidad de vida de los vecinos sin perder el empleo en las 70 empresas y talleres de Buñol es el objetivo del Ayuntamiento, según Vicente Roca. Un ejercicio de equilibrios que deja a muchos descontentos por el camino. El Ayuntamiento pone denuncias y abre expedientes, pero no llega a cerrar empresas. 'Intentamos solucionarlo sin llegar a esos extremos; queremos calidad ambiental y que la industria gane dinero, pero no a costa de que contamine', argumenta Roca, quien pide a las empresas más inversión en medio ambiente. Se suma a esa reivindicación Juan Lavarías, secretario de salud laboral de CC OO en la comarca, quien, por otro lado, reprocha a la Administración que no actúe con mayor contundencia en defensa del medio ambiente, ya que 'sólo interviene en casos sangrantes'.
El secretario general de la Consejería de Medio Ambiente, Jorge Lamparero, dice que 'no hay denuncias de la inspección' por contaminación atmosférica en Buñol. 'Las partículas de las papeleras son sucias, pero la calidad del aire no es mala', responde Lamparero, quien destaca la mejora medioambiental que ha supuesto la depuradora de Buñol-Alborache: 'La depuradora ha conseguido que ahora se pesquen truchas en el río Buñol, algo antes impensable'. Avances, sí, pero no suficientes para una población cada vez más sensibilizada por la calidad medioambiental. Reviven antiguas protestas, como contra las papeleras, y surgen otras nuevas, como la oposición al vertedero de Dos Aguas, las manifestaciones contra la incineración de harinas cárnicas...
Harinas y aceites
La contaminación que castiga a Buñol no sólo se alimenta de las emanaciones de las papeleras. La incineración de harinas cárnicas ha sido la causa del último enfrentamiento del Ayuntamiento, y de los vecinos y la comarca, con Valenciana de Cementos. La Consejería de Medio Ambiente intenta contrarrestar las protestas con informes, como el del Institut Cerdà, que asegura que las emisiones están por debajo de los límites marcados por la normativa. No convencen al Ayuntamiento, descontento con las mediciones de contaminación de la consejería. Buñol tiene tres aparatos, 'pero si se va la luz dejan de funcionar, la medición no es real, y además, están obsoletos', dice el concejal de Medio Ambiente, Vicente Roca. Aureval es otra de las empresas que acumula quejas. La empresa ha tenido varios expedientes ya cerrados por emanaciones de partículas; la respuesta del Ayuntamiento, una vez más, fue la de 'intentar llegar a una solución' y lograr la mejora de las instalaciones. Sin embargo, según el secretario general de Medio Ambiente, Jorge Lamparero, hay abierto un expediente sancionador 'por falta grave' contra Aureval, por incumplir la ley de residuos. Jesús Fuente, director general de Aureval, reconoce que una medición de junio situó por encima de los límites la emisión de metales, pero la empresa ha alegado contra los resultados del organismo colaborador que efectuó el análisis. Aureval asegura que prevé mejoras, como un filtro para los humos ante las quejas vecinales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002