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ENTREVISTA

'La violencia antes tenía un fin, pero ahora los jóvenes son violentos por serlo'

Salvador Peiró, profesor en el departamento de Sociología I y Teoría de la Educación de la Universidad de Alicante, ha dedicado la mayor parte de su carrera profesional a profundizar sobre el fenómeno de la violencia en las aulas. Con más de 20 libros publicados en la materia y haber pasado por varias universidades, dirige ahora un proyecto de investigación interdisciplinar sobre el fenómeno, con el apoyo de profesores y la colaboración de varios centros. Salvador Peiró (Almoines, 1947) cree que el camino para atajar la violencia es la 'reeducación' de la familia y el fomento de los valores en la escuela.

Pregunta. ¿Qué entendemos por violencia?

Respuesta. Es aquella acción que daña la inteligencia y la voluntad de un sujeto cercano. Hay diferentes tipos: desde una interrupción de la dinámica de la clase que dificulta el aprendizaje, hasta el consumo de alcohol o tabaco, que algunos organismos internaciones consideran violencia. Pero desde una prespectiva pedagógica nos interesan las causas de la violencia y la manera de abordarla en el sistema escolar, ahí es donde nuestra investigación se diferencia de los estudios sociológicos.

'Los directores de secundaria denunciaron que más de la mitad sufren actos vandálicos'

'La Administración debe garantizar que los profesores y los padres se reciclen'

P. ¿Qué causas apuntan?

R. Observamos cierta carencia de valores, y en este aspecto la familia tiene un papel fundamental, y en especial los padres. También buscamos conocer las competencias del profesorado. Pero huimos del estudio transversal, que puede ser engañoso.

P. ¿A qué se refiere con estudio transversal?

R. Por ejemplo, cuando se habla de violencia en toda la Comunidad Valenciana. Pues, el mero hecho de sacar la media puede que distorsione la realidad, porque lo que está muy bien en un centro puede estar muy mal en otro. Por eso es importante estudiar centro por centro, aula por aula, e, incluso, alumno por alumno y aplicar soluciones concretas en cada caso, y para eso la tutoría es fundamental.

P. ¿Qué hay que hacer?

R. Hay que enseñar valores a través de las asignaturas, pero sin manipularlas, y hacer una tutoría muy humana. En este equipo de investigación hay profesores que se dedican a investigar qué valores hacen que la enseñanza se desarrolle de modo más próximo al alumno, porque si el alumno no se identifica con lo que se explica en clase se distancia de la realidad a que se refiere la lección.

P. ¿Los jóvenes de hoy son más violentos que antes?

R Hay que distinguir varios aspectos; hace unos años la violencia tenía una finalidad, perseguía conseguir un fin, pero ahora la violencia, en ocasiones, carece de finalidad, se genera violencia por violencia. La violencia siempre es detestable.

P. ¿Por qué ocurre esto?

R. Hay muchos factores. Se produce un proceso de alienación de los miembros dentro de la familia; antes los padres tenían relaciones positivas, neutras o negativas con sus hijos y en las casa había una mesa para conversar. En los hogares de hoy el sofá está frente al televisor y así no se incentiva al diálogo. Se genera un proceso de alienación que hace que al final la gente explote, primero discute y luego en casos extremos, y llevado a situaciones grupales extraescolares, llega a las manos con facilidad.

P. ¿Pero son más o menos violentos los adolescentes ahora?

R. Es complejo. Quizá ahora los jóvenes sean más violentos de otra manera. La agresividad siempre ha definido al hombre, y puede ser positiva o negativa, y ésta última es la más fácil por su relación con la pérdida de valores que se dejan de practicar en la escuela y en la familia. Si el alumno no tiene criterios axiológicos, no enjuicia críticamente el valor de sus actos.

P. En Alcoy, hace unos días, se cometieron actos vandálicos en un instituto público. ¿Está generalizado el vandalismo?

R. Lo cierto es que los directores de centros de secundaria denunciaron, en marzo de este año, que más de la mitad de ellos sufrían actos vandálicos, y eso, si se confirma, es muy grave. Por otra parte, un acto vandálico, además de violencia por violencia, también puede estar relacionado con la frustación ante los resultados académicos. Si un alumno no logra aprobar, puede incluso amenazar al profesor con romperle el coche. El origen de esta situación está en carencias del lenguaje y en la comprensión de lo que aprende.

P. Usted insiste mucho en la importancia de los valores. ¿No es un término desfasado y devaluado?

R. La culpa es porque se ha mezclado todo, como en tiempos de Franco y del nacionalcatolicismo. La gente relaciona moral y religión con el régimen. Los conceptos se han tergiversado; no es lo mismo enseñar valores que enseñar hábitos o fomentar actitudes. Desde el año 1973 analizo los valores, y considero que éstos son claves para pasar de la instrucción a la formación. Cuando se plantearon los temarios transversales pensamos que los centros orientarían las asignaturas hacía los valores, pero pronto comprobamos que algunos confundieron los valores con los temas, y está claro que no es lo mismo sacar un diez en saber sobre la paz, que ser pacífico, igual que no es lo mismo saber sobre la tolerancia que ser tolerante... Por lo tanto, ¿cómo aprenden los alumnos a ser tolerantes, perseverantes en el estudio o puntuales? Pues si ven a los profesores y los padres que son así.

P. ¿La violencia es un acto individual o colectivo?

R. Generalmente es individual, y cuando es colectivo se puede convertir en vandalismo. P. ¿Y cuando se produce, cómo se actúa en la escuela?

R. Hay un problema esencial; desde que un alumno comete una falta hasta que llega la sanción pasan tantos meses que el alumno ni se acuerda del motivo del castigo, y en muchos casos la sanción se convierte en recompensa, con quince días de expulsión. Y con este sistema no se ataja la violencia. Hay que fomentar medidas preventivas, con valores y normas, y dar mayor relevancia a la tutoría personal.

P. Y ¿qué papel le corresponde a la Administración?

R. La Administración debe garantizar medios para que los profesores se reciclen y plantear la reeducación de algunos padres. El futuro depende de la familia y del profesorado, y de la interacción, ya que uno aprende en clase las virtudes y defectos de los demás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002