Profesoras de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) o Bachiller, de entre 43 y 57 años, con años de experiencia y destino definitivo, es el perfil de los profesionales más quemados de Castellón. Así lo demuestra un estudio realizado por el equipo Wont de Prevención Psicosocial de la Universidad Jaume I (UJI) de Castellón, liderado por Marisa Salanova, sobre desmotivación profesional entre el profesorado. Los resultados se compararon con trabajadores de otros sectores como el azulejero y el turístico y la docencia destaca por los niveles que alcanza el síndrome burnout (quemado) entre el profesorado. El burnout se ha definido como 'un estado mental persistente, negativo y relacionado con el trabajo, caracterizado principalmente por agotamiento, acompañado por malestar psicológico, sensación de baja competencia, disminución de la motivación, y el desarrollo de actitudes disfuncionales en el trabajo'. Las consecuencias del mismo son el agotamiento emocional, el distanciamiento del problema, que se convierte en cinismo y la falta de eficacia profesional, que conlleva una falta de rendimiento.
El estudio, que se inició sobre una población de cerca de 500 docentes y en 34 centros distintos, se realizó en profesores de entre 24 y 57 años, con una media de edad de 40, en centros tanto públicos como concertados y en cursos de ESO y Bachillerato, Entre los obstáculos que los docentes encuentran para el desempeño de su trabajo, la desmotivación de los alumnos se encuentra en primer lugar, seguida de la actitud negativa de los mismos, mientras que en el tercer puesto se sitúa la actitud negativa de los padres. Los materiales didácticos y los fallos en las instalaciones se fijan como otros de los obstáculos.
Entre los recursos laborales con los que cuenta el profesorado, el equipo Wont ha estudiado la existencia de unos elementos 'facilitadores' del trabajo entre los que los docentes han destacado el llevarse bien con los alumnos y lograr su participación, el contar con el apoyo de los compañeros y la ausencia de los alumnos problemáticos.
En las conclusiones del estudio se indica que los afectados por este síndrome perciben más demandas emocionales desde su trabajo que competencias para afrontarlas, no encuentran apoyo social, detectan una falta de coordinación entre los compañeros y se enfrentan a alumnos desmotivados y con actitudes negativas.
El burnout está considerado actualmente como un accidente laboral, pero no como una enfermedad. Muchos de los afectados por este síndrome desembocan en bajas laborales por estrés o ansiedad. Por ello, es preciso que se tomen medidas de prevención. A nivel colectivo, con la mejora del clima social y el apoyo institucional y experto para problemas en el aula.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002