La Liga no registró grandes turbulencias, pero ofreció novedades interesantes. Una de ellas tuvo como protagonista al Madrid, que venció en Vallecas. Desde marzo no ganaba fuera del Bernabéu, sequía inopinada en el equipo más lujoso del mundo. La victoria tuvo el don de la oportunidad, porque coincidió con los empates del Valencia frente al Betis y de la Real con el Deportivo. Con los números en la mano fue una excelente jornada para el Madrid y para sus estrellas. Marcaron Ronaldo, Roberto Carlos y Figo, tres jugadores que imponen. Sin embargo, pocas veces una victoria ha estado tan lejos del buen juego. Fue una actuación decepcionante que alimenta las críticas sobre el mal estado del equipo en estos momentos.
La clasificación se aprieta en los primeros puestos, donde también aparece el Barça. No tiró cohetes frente al Villarreal, pero ganó y alivió la inestabilidad en el club, donde brotan sarpullidos por cualquier motivo. El último incidente estuvo protagonizado por Víctor Valdés, el portero que descubrió Van Gaal ante el escepticismo general. Por lo visto, el chico tiene la piel blanda. No soportó que le rebajaran los galones y se negó a jugar en el Barça B, lo que no habla precisamente bien de su entereza profesional. Está claro que no hay una semana tranquila en el Barcelona.
La Real sigue en la cima, a pesar del empate que concedió frente al Deportivo en Anoeta. Fue uno de esos raros casos donde un mal resultado no lastima el crédito de un equipo. La Real jugó bien, con la saludable energía de los que creen en lo que hacen. No le ocurre lo mismo al Athletic de Bilbao. Empató en el Manzanares pero no despejó las dudas sobre su carácter sufriente. Todo le cuesta un mundo. Ni tan siquiera le valen los actos heroicos, como marcar tres goles fuera de casa. És un equipo con carencias sangrantes en aspectos básicos del juego, especialmente en el capítulo defensivo, donde cualquier jugada adquiere la magnitud de un incendio. Si los equipos se construyen de atrás hacia adelante, el Athletic tiene un problema muy grave porque no puede sostenerse. Ha recibido goles en todos los partidos que ha disputado, y casi extraña que no reciba más. A los delanteros les toca la inmensa tarea de corregir con goles los errores de los defensas. Debe resultar desolador marcar tres goles fuera de casa y tener la sensación de que sirven para poco.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002