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FÚTBOL | Internacional

Al Flaco le echan de casa

Menotti, despedido por el Rosario Central, el club de su vida, se ve fuera para siempre de los 'calientes' banquillos argentinos

El cese del mítico Flaco, César Luis Menotti, en el Rosario Central, club en el que se formó y al que había regresado a sus 64 años de edad por razones 'sentimentales' para evitar su descenso y su quiebra económica, se suma al de otros nueve técnicos despedidos desde que comenzó el Torneo Apertura de la Liga hace poco más de tres meses. Un síntoma más de la desesperación del fútbol argentino por el resultado inmediato y su incapacidad para formular proyectos auténticamente serios. Así le va.

En principio, el Rosario goleaba y ganaba y su estadio volvía a colmarse. Los directivos decían que Menotti se quedaría 'para siempre', pero él mismo advertía de que el equipo, formado por juveniles, no tenía la suficiente experiencia. A la hora de encarar las derrotas, todo se desmoronó. Como es habitual, los directivos fueron los primeros en conspirar para librarse de sus responsabilidades. 'Yo no traje a Menotti', dijo el presidente, Víctor Vesco.

A los tres meses de comenzada la Liga, uno de cada dos técnicos ha sido destituido

A su vez, el entrenador recuerda: 'Cuando me vinieron a buscar, el club se estaba incendiando. Aun así, tardaron 15 días en convencerme. Lo lograron porque era el Rosario. Allí nací y me crié. Allí viven muchos amigos. Allí me vio mi madre debutar en Primera. Demasiadas cosas para olvidarlas y pensar fríamente'.

Ahora, admite, le despidieron también de forma definitiva del fútbol argentino. Al menos es lo que Menotti siente: 'No creo que vuelva a trabajar en mi país en estas condiciones. Todos quieren salvarse de cualquier manera. Si es por mí, me gustaría volver a España. Tengo buenos recuerdos del Barcelona, con el que lo ganamos todo, menos la Liga, y estuvimos muchos partidos sin perder aun sin Maradona ni Schuster, lesionados. También me fue bien en el Atlético a pesar de las diferencias con Jesús Gil. Pero me gustaría volver a un equipo con aspiraciones reales a los títulos. Tengo todavía la ambición de lograr algo muy importante en Europa'.

Diez de 20 técnicos, uno de cada dos de los que tenían trabajo lo perdieron. Los despidos o las renuncias alcanzan ritmos de vértigo y superan a los de los restos de los oficios inestables, como el de los cartoneros (recolector informal de residuos útiles que se revenden), los actores o los músicos. La interrupción de las rutinas y el cambio constante de métodos y tácticas afectan a los jugadores. La presión de los resultados impide que evolucionen. En un torneo corto, de 19 jornadas, esos chavales de entre 17 y 20 años, engordados de apuro, se juegan el futuro: un traspaso inmediato a clubes de Ligas más rentables o un fracaso del que casi nunca logran recuperarse.

Daniel Córdoba, el entrenador del Lanús, se marchó tras la primera jornada porque no pagaban a sus colaboradores. Miguel Brindisi, ex jugador de Las Palmas y ex preparador del Espanyol, se fue del Huracán, con el que ganó la Liga como jugador en 1973, en la quinta. Jorge Fossatti, un uruguayo del Colón, y Enzo Trossero, del Talleres, perdieron el puesto en la séptima. Néstor Craviotto, del Estudiantes, en la octava, aunque ahora ha reemplazado a Fossatti. El Nueva Chicago despidió a Francisco Ferraro, ex del Valladolid, en la décima. En la duodécima se marchó Julio Zamora del Newell's y en la 14ª Frank Kudelka del Unión.

Un caso emblemático fue el de Reynaldo Mostaza Merlo, a quien no le alcanzó siquiera con el mérito de haber llevado al Racing de Avellaneda al título después de 35 años para volverse intocable. Le despidieron dos días antes del campeonato porque se quejó de que no le compraban los jugadores que pedía. Mientras le hacían promesas, ya habían contratado a Osvaldo Ardiles, campeón mundial en 1978 y que nunca había entrenado en Argentina: el equipo es ahora el 14º en la clasificación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002