La herida todavía supura orgullo dos meses después de la hecatombe. Primero fue Argentina, luego Yugoslavia y por último España. En el plazo de una semana, el prestigio de la selección de baloncesto de Estados Unidos se difuminó en Indianápolis, en su casa. Tres derrotas y sexto puesto en el Mundial disputado el pasado verano. Cada vez que el Milwaukee Bucks viaja por el país, George Karl, técnico del equipo y de aquella selección, continúa siendo interrogado por las causas que provocaron semejante deshonra. El Mundial de Indianápolis es tema de conversación cada vez que Karl aparece en una sala de prensa.
La visita de los Bucks al Madison Square Garden, hace una semana, fue aprovechada por la prensa local para meter el dedo en la llaga. Al técnico se le preguntó si mantenía sus comentarios posteriores a la derrota con España cuando aseguró que el dinero y la codicia de la NBA tenía un efecto perjudicial en la naturaleza competitiva de los jugadores estadounidenses. Presto al quite, sin dar tiempo a que el entrenador respondiera a la quisquillosa cuestión, el jefe de relaciones públicas de los Bucks de Milwaukee tapó la boca a George Karl para evitar su contestación. Parece que el mismísimo comisionado de la NBA, David Stern, amonestó severamente al técnico después de ese comentario.
Lo cierto es que el entrenador es el elegido para expiar los pecados y las culpas de la defunción del Dream Team. El último que ha arremetido contra el entrenador ha sido Baron Davis, escolta del New Orleans Hornets. Shaquille O´Neal ya ha asegurado que nunca acudirá a la selección de Estados Unidos, sí George Karl repite cargo. Nadie parece caer en la cuenta, por poner un ejemplo, que el Paul Pierce que se exhibe en el Boston Celtics o el Michael Finley que enamora en el Dallas Mavericks acudieron a la cita mundialista fuera de forma y con una desidia palpable. Sin eximir de responsabilidades a Karl, los doce seleccionados han sido absueltos sin juicio previo . Charles Barkley ha sido uno de los pocos críticos con sus antiguos compañeros. 'Me parece negativo el excesivo crédito que tienen los jugadores y la poca crítica que reciben. Había ocho All Stars en ese equipo y no era nada atractivo verles jugar. No mostraron orgullo alguno', reconoció el ahora comentarista televisivo.
El ex entrenador del Real Madrid ha dado la receta para que en la próxima competición internacional no se vuelva a repetir la catástrofe: 'Quizá deberíamos contratar a un entrenador que analizara el juego del resto de selecciones. Un técnico que nos advierta de la filosofía ofensiva y defensiva de cada equipo. Conocíamos a los jugadores a los que nos enfrentamos pero no entendimos sus movimientos y sus sistemas'.
La carrera de George Karl no pasa por su mejor momento. El entrenador de deporte profesional mejor pagado del mundo, 14 millones de euros ganará en dos años, no fue capaz de clasificar a los Bucks de Milwaukee para los playoff la pasada temporada. Sus pugnas con las estrellas del equipo, Sam Cassell, Ray Allen y Glenn Robinson fueron una constante durante todo el curso. También fue el protagonista de una agria polémica al insinuar que la NBA practicaba la discriminación positiva con ex jugadores negros que llegaban a ser entrenadores jefes con poca experiencia previa, caso de Doc Rivers, Isaiah Thomas o Bill Carwright. Karl, acribillado por todos los frentes, no tiene mucho que decir sobre la corriente negativa que le rodea en los últimos tiempos: 'Al único que tengo que dar cuentas es al que veo cada mañana frente al espejo'.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002