Probablemente, Javier Otxoa vivó en Valencia ayer el día más féliz de su vida. Cuando volvió a ella hace 21 meses, lo hizo sin darse cuenta, saliendo de dos meses de coma tras el accidente que le costó la vida a su hermano Ricardo, cuando un coche les atropelló a ambos en Málaga durante un entrenamiento. Ayer, Javier Otxoa, no sólo se volvía a ponerse encima de una bicicleta, sino a vestirse de ciclista, toda una liturgia que le llegó al alma, en el Criterium Internacional de la Comunidad Valenciana, donde también se despidió a Abraham Olano.
Javier Otxoa dio una vuelta en solitario al circuito y otra en compañía de sus ya ex compañeros . 'Estoy muy contento por volverme a vestir de ciclista. Ahora me siento mucho más realizado', afirmó emocionado. Otxoa, cuando su recuperación física se lo permitió, volvió a montar en bicicleta. La tenía en el garaje de la casa familiar en Berango (Vizcaya). Allí comenzó a dar de nuevo pedaladas, entre la mirada asutada de su compañera y el ánimo de su hermano Andoni. Allí comenzó a sentir la normalidad cotidiana, tras un accidente brutal y el golpe sufrido por la muerte de su hermano. Después los homenajes le devolvieron al mundo del ciclismo. Dirigió carreras en Vizcaya y volvió a escuchar el siseo de los radios de la bicicleta mientras recuperaba las fuerzas y amueblaba su mente para los nuevos tiempos.
Desde muy pronto, Javier Otxoa supo que su profesión de ciclista había concluido en el arcén de aquella carretera malagueña. Su rápida recuperación hizo sospechar a los más optimistas que quizá en un futuro podría volver al ciclismo profesional. No era el caso Las secuelas eran demasiado importantes como para sospechar que Javier Ochoa (ganador de una etapa del Tour) volviera a disputar una carrera ciclista. Su carrera era ganar la vida y cruzó el primero en la meta. Óscar Sevilla, su compañero en Kelme y buen amigo, lo recordaba ayer 'Ver a Javier en el Criterium ha sido lo mejor. Él ha ganado la carrera de la vida', afirmó el ciclista español, que también tuvo palabras de agradecimiento para Abraham Olano, otro ilustre que ha decidido colgar el maillot y la bicicleta, disputando dos carreras contra una moto, con empate final. 'Abraham es uno de mis ídolos y creo que es muy bonito poder estar ahora con él', señaló Óscar Sevilla. Otxoa, que estuvo acompañado por sus padres, se emocionó con el público -'que ha venido a despedirse de mí'- y que le tributó un larguísimo aplauso.
Porque se trataba de eso, de escenificar un regreso y una despedida. El regreso a la normalidad casi absoluta de Javier Otxoa y su despedida oficial como ciclista, el final de la profesión que le había dado un nombre entre el grupo de los elegidos. Su victoria en la etapa reina del Tour fue su mayor gloria y es hoy un recuerdo permenente en su habitación. El recuerdo de la gloria.
Ahora sólo aspira a ser un cicloturista, cuando el tiempo le permita superar el miedo. 'Aún no me atrevo a salir a la carretera y confío en que mi accidente haya servido para que los conductores se conciencien y repeten más a los ciclistas'.
Si todo va bien, Javier Otxoa podrá matar el gusanillo en las carreteras sin dorsal pero con todas las ganas del mundo. Si todo fuera muy bien, incluso acaricia la posibilidad de llegar algún día a competir con los paralímpicos. Planes de futuro de un ciclista que durante meses sólo pensó en salvar la vida y vencer las secuelas físicas y psicológicas de un choque brutal. Ayer dijo adiós en la primera carrera de su segunda vida. Era un hola y un adiós. El fin de la carrera ya convertida en un recuerdo siempre asociado a su hermano Ricardo, y el principio de una vida sin él. En cierto modo, Valencia le dió el banderazo de salida y Otxoa lo aceptó con dos vueltas de honor que ponían fin a 21 meses de sufrimiento.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002