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COLUMNA

Lo que Wall Street no quiere que usted sepa

La credibilidad de la SEC, organismo regulador de las bolsas de EE UU, ha sido la primera víctima de los escándalos de la América Corporativa, que se iniciaron hace un año con la suspensión de pagos de Enron. Su presidente, Harvey Pitt, dimitió con sordina ante Bush el pasado martes, haciendo coincidir su decisión con la jornada que elegía nuevos senadores y congresistas, con lo que la noticia quedó en segundo plano. Y, sin embargo, la dimisión de Pitt y el nombramiento de su sustituto tendrán una significación inusitada para los mercados estadounidenses y de todo el mundo. El papel de la SEC en la represión de los abusos empresariales ya conocidos y su nivel de vigilancia de los que pueden estar por aparecer serán objeto de escrutinio toda vez que Pitt, al final, ha tenido que dejar la institución por proteger al lobby auditor. Los analistas querrán conocer la sensibilidad del que llega, que es como decir la sensibilidad de quien le elige: Bush.

George Bush escogió con tozudez a Harvey Pitt en agosto de 2001 contra la opinión de muchos. Era un excelente abogado, especializado en los mercados de valores, pero que había desempeñado un papel protagonista en la defensa de los bancos de inversión. Aquello aún no era sospechoso. Cuando Pitt llegó a la SEC, Enron, Andersen, WorldCom, Global Crossing, Adelphia y todas las demás eran sociedades muy prestigiadas. Quince meses después, las más importantes de ellas están deterioradas, vigiladas, condenadas o prácticamente ya no existen. Es como si la América Corporativa hubiera sufrido un terremoto que de paso se hubiera llevado la credibilidad de la SEC. El republicano Pitt había sido previamente abogado de todas las entidades que conformaban el llamado Big Five de las empresas de auditoría, por lo que los demócratas sospechaban de la ecuanimidad de su papel. La SEC había estado muy pusilánime en los albores del escándalo de Enron y su actuación ha sido sustituida, en buena parte, por la Fiscalía de Nueva York, por el Congreso y por el FBI. Pitt ha caído por un asunto de la misma familia auditora: recomendó a William Webster, antiguo director del FBI y de la CIA, para la presidencia del nuevo organismo supervisor de las empresas auditoras (creado muy recientemente entre las normas para el buen gobierno de las empresas), sin avisar al resto de los miembros de la SEC de que Webster tenía problemas: entre abril de 2000 y julio de 2002 había presidido el comité de auditoría de una pequeña empresa de Internet cotizada en Bolsa, US Technologies, que ha sido acusada de estafa.

La siguiente pregunta es qué pasará ahora con Webster, caído Pitt. ¿Dimitirá? ¿Cesará? ¿Entrará en el paquete de cambios que puede hacer el presidente Bush en la Administración económica tras su victoria electoral?

El anterior presidente de la SEC, Arthur Levitt, que estuvo al frente de la institución con Clinton, acaba de publicar un libro titulado Oído en la calle y subtitulado expresivamente Lo que Wall Street y las empresas americanas no quieren que usted sepa. En él hace una descripción de la labor de lobby que practican los bancos de negocios y las auditoras y llega a la conclusión de que 'resulta deprimente para cualquiera que crea en la democracia'. Levitt afirma que la contabilidad creativa era una amenaza mucho antes de que estallase el caso Enron, y explica que los analistas mejor pagados no son los que hacen las recomendaciones más acertadas, sino los que más negocios de banca de inversión atraían a las compañías en las que trabajaban. En unas declaraciones, Levitt recordaba que 'algunas de las personas que más critican hoy la depravación de Wall Street son las mismas que bloquearon las reformas durante los años noventa'. Aunque la economía no ha tenido en las elecciones el papel determinante que muchos esperaban, ahora pasa a ser la máxima prioridad. Si las cosas siguen torciéndose, Bush ya no podrá echar la culpa al obstruccionismo demócrata. Por eso es tan importante lo que va a hacer en la SEC, su presupuesto y quién va a sustituir a Pitt.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002