Robert Mundell dirigió investigaciones sobre la idea de una divisa común cuando el euro era todavía una fantasía. Este canadiense de 70 años, profesor en la Universidad de Columbia (Nueva York) y Premio Nobel de Economía en 1999, urge a Estados Unidos y Europa a alcanzar un pacto que estabilice el cambio entre el euro y el dólar. Mundell, que visitó Madrid recientemente invitado por la Fundación DMR Consulting, asegura que, de esta forma, se dejaría más margen de maniobra a los responsables de la política monetaria para combatir la crisis.
Pregunta. Ésta es una época de gran incertidumbre, ¿hacia dónde se dirige la economía?
Respuesta. La economía internacional atraviesa una etapa de desaceleración que se inició hace dos años, tras un periodo de 20 años de crecimiento muy fuerte en Estados Unidos. La gran cuestión ahora es saber cuándo llegará la recuperación, posiblemente a principios del año próximo. Entonces, emergerá una economía diferente, porque están sucediendo muchas cosas, como la revolución de las tecnologías de la información. Saldremos de esta desaceleración con un mayor nivel tecnológico.
'Los inversores deben estar pendientes de una suspensión del pago de la deuda de Brasil'
'El despegue económico llegará cuando los beneficios de las empresas se recuperen'
P. ¿Optimista?
R. Sí, sí. Creo que no hay problemas graves en los fundamentos de la economía. Hubo un boom inversor en la segunda mitad de la década de los noventa y se creó una burbuja en los mercados. Ahora, estamos ante una corrección. La recuperación llegará cuando sucedan dos cosas: se recuperen los beneficios empresariales y, en consecuencia, las inversiones. El mayor problema de esta desaceleración no es el consumo; se trata más bien de un vacío inversor.
P. Los tipos de interés en Europa y EE UU están en mínimos y, aún así, no se aprecian signos claros de recuperación, ¿qué falla?
R. Estoy convencido de que lo que la gente quiere ver primero es la vuelta de los beneficios. Además, ahora es necesaria una política monetaria expansiva. Pero el Banco Central Europeo (BCE) no siempre puede bajar los tipos, porque si lo hace, en ciertas circunstancias, el euro podría depreciarse frente al dólar. Por eso, Europa y EE UU deben fijar un cambio entre el euro y el dólar, llegar a una acuerdo para mantener un tipo de cambio estable entre ambas divisas para poder tener aún más margen en política monetaria.
P. ¿Cuál sería ese cambio?
R. Se podría fijar una horquilla del euro frente al dólar con un suelo de 95 céntimos y un techo de 1,05 euros por dólar. Así, habría una libertad todavía mayor para inyectar dinero en el sistema financiero y facilitar el crédito. Las soluciones monetarias no resuelven todo el problema, pero ayudan a la recuperación. Este pacto también debería incluir al yen.
P. Varios economistas hablan ya de riesgo de deflación, sobre todo en la economía alemana. ¿Está de acuerdo?
R. No veo un riesgo serio de deflación en el sentido de una caída de precios. Y, si lo hubiera, el BCE inyectaría más dinero en la economía. En un sistema monetario flexible como el europeo y el estadounidense no hay deflación. En Japón, la política monetaria es menos flexible, entre otras cosas por la fortaleza del yen frente al dólar, y el suministro de dinero no ha crecido. Por eso hay deflación.
P. ¿Está de acuerdo con la tesis de varios economistas de que ésta es una crisis de endeudamiento?
R. No creo que ése sea el principal problema. El gran monstruo de Europa y Estados Unidos son los impuestos, en especial los que gravan los resultados empresariales. Hay que bajar los impuestos de inmediato.
P. ¿Cómo afecta la amenaza de guerra con Irak a la recuperación?
R. Traslada una gran incertidumbre al mercado. La gente quiere tener su dinero a la vista, porque no sabe qué va a pasar. Pero los precios del petróleo han empezado a controlarse, porque crece la sensación de que se puede llegar a una solución que evite el conflicto.
P. ¿Es partidario de una mayor flexibilización del Pacto de Estabilidad europeo?
R. El pacto nació ya con la vocación de ser flexible. Ningún Gobierno puede controlar el déficit al 100%, porque depende del gasto público y los ingresos fiscales, que a su vez dependen del ciclo económico. En tiempos de crisis, los ingresos fiscales disminuyen, pero precisamente cuando vienen mal dadas no se puede reducir el gasto y aumentar los impuestos para cuadrar el déficit. El principal problema que acecha ahora a Europa es la deuda pública y la Comisión Europea debería de tenerlo en cuenta. La deuda de muchos países europeos representa el 60% del producto interior bruto (PIB). Si este porcentaje fuera del 25%, la economía europea sería más libre y la política fiscal, más flexible, con lo que los gobiernos podrían aplicar ahora una oportuna bajada de impuestos que, sin duda, contribuiría a la recuperación.
P. Brasil es otra economía con problemas, ¿qué impresión tiene del nuevo presidente, Luiz Inácio Lula da Silva?
R. Soy moderadamente optimista con este Gobierno. Los inversores deben estar pendientes de una eventual suspensión del pago de la deuda. Puede que no sea una suspensión de pagos explícita, pero sí implícita, a través quizás de un acuerdo con los acreedores para lograr aplazamientos. La cuestión es determinar cuándo lo hará y cómo. La suspensión del pago de la deuda de Brasil sería un gran golpe para la economía mundial. Y no creo que el crédito del FMI por 30.000 millones de dólares vaya a ayudar tanto a Brasil.
P. Escándalos empresariales, como el de Enron y WorldCom, han minado la confianza de los inversores. ¿Hay suficientes controles para evitar que se repitan?
R. Fraudes como el de Enron son aislados. Se aplicó la ley existente y ya está. No creo que sea necesario castigar a todas las compañías por lo que pasó en Enron y hacer responsables, de forma individual, a los primeros ejecutivos de las cuentas de su empresa.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002