Los congresos regionales que ha celebrado el PP desde mediados de septiembre no sólo han servido, como indica la doctrina oficial, para 'renovar el 53% de la dirección regional' y para poner en marcha la precampaña de las elecciones municipales y autonómicas. También han permitido ensayar distintas fórmulas de sucesión en el liderazgo del partido y en la definición de las candidaturas de gobierno que pueden servir a quienes tengan que decidir el más relevante relevo al que se enfrenta el PP, el de José María Aznar como líder y como candidato a la presidencia del Gobierno.
VALENCIA Una 'finura' que ya hizo Aznar
Mariano Rajoy, vicepresidente del Gobierno y candidato a la sucesión de Aznar, reclamó en la clausura del congreso del PP de la Comunidad Valenciana que 'se contratase' a quienes habían diseñado la sucesión en esa región. 'Cuánta inteligencia, grandeza y finura hay detrás de esta operación', aseguró entre aplausos y risas de la concurrencia. 'A mí me hubiera gustado hacerla'.
La 'finura' consistió en lo siguiente: el día que Aznar hizo su crisis de Gobierno, el 9 de julio, Eduardo Zaplana convocó a la junta directiva regional del PP valenciano para comunicarle que iba a ser ministro y sugerir algunos cambios. Uno de sus dos vicepresidentes, José Luis Olivas, asumiría la presidencia de forma interina, pero el candidato sería Francisco Camps, en ese momento sin responsabilidad orgánica en el partido. Allí se la dieron, al designarle secretario general. Esta propuesta quedó sellada con el 99,25% de los votos en el congreso del PP valenciano de finales de septiembre.
Aunque parezca alambicada, no es un idea nueva. La ensayó Aznar en Castilla y León en 1989. En agosto de aquel año lo meditó en la finca de Villacreces, en Quintanilla de Onésimo, donde decidió que Jesús Posada, que acababa de salir de su Gobierno castellano-leonés, sería el presidente regional interino. Posada fue presidente poco más de un año, pues como candidato a las elecciones de 1991 Aznar designó a Juan José Lucas, entonces vicesecretario de organización del PP nacional, es decir, ajeno en aquel momento (como ahora Camps) al Ejecutivo castellano-leonés y al PP regional.
La fórmula de presidente interino y candidato externo quedó culminada en Castilla y León cuando Lucas se hizo con el control del PP de la región, siempre sin olvidar el liderazgo moral de Aznar. En la Comunidad Valenciana, de momento, el líder indiscutido es Zaplana. Los aficionados a la política ficción que quieran imaginar un tercer ensayo de esta fórmula para la sucesión que más preocupa en el PP tendrían que apostar por un hipotético presidente interino y por alguien ahora fuera del Consejo de Ministros como candidato a la presidencia del Gobierno. Y conviene recordar que Rita Barberá, aparentemente número dos del PP valenciano, ha quedado con la fórmula de Zaplana fuera de juego. Pero hay otros modelos sucesorios ensayados por el PP en los congresos regionales.
CASTILLA-LA MANCHA La búsqueda de un 'mirlo blanco'
Ya en tiempos de AP hubo voces en la derecha que apostaron por Carlos Ferrer Salat como sucesor de Manuel Fraga. Se trataba de buscar un mirlo blanco capaz de conjurar la derrota. Años después, con Aznar como líder, también hubo quienes vieron en Mario Conde el aglutinador del voto conservador. Aunque las comparaciones son odiosas, la designación, desde la dirección del PP, de Adolfo Suárez Illana como candidato a la Junta de Castilla-La Manca revive la búsqueda del mirlo blanco. Suárez entró en el PP por la puerta grande en enero, en su Congreso nacional, y fue designado en mayo candidato a competir con el socialista José Bono. El congreso del mes pasado en Albacete apuesta además por la bicefalia: Suárez Illana será el candidato, pero estará apoyado por un presidente del partido, José Manuel Molina, con experiencia en esas tareas. Entre ambos suceden a Agustín Conde, anterior candidato y líder regional del PP. Este modelo tiene un punto débil en la búsqueda de la fórmula ideal de la sucesión de Aznar. Parece pensado para evitar una derrota.
MADRID Bicefalia y reparto de papeles en el espejo
Pero la bicefalia puede funcionar. Lo hace desde 1993 en Madrid con la separación de papeles entre el presidente del PP madrileño, Pío García Escudero, y el aún presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Y en la designación de las nuevas candidaturas populares a la comunidad y la alcaldía no sólo ha quedado patente quién manda en el PP (Aznar) sino que se ha demostrado que, a veces, las cosas son exactamente lo contrario de lo que parecen. Así, aunque Esperanza Aguirre parecía la candidata a la alcaldía y Ruiz-Gallardón condenado a repetir, la realidad había que buscarla al otro lado del espejo.
Esta doble condición, bicefalia y sorpresa en el reparto final, puede servir en este juego de política ficción. Sólo haría falta que el PP estimara que después de Aznar es preferible que sean dos personas quienes tomen el relevo, una como candidato a la presidencia del Gobierno y otra como jefe del partido. Y justo quien parezca con más posibilidades de ser el jefe del partido sería el candidato, mientras que el mejor colocado como aparente sucesor se quedaría como jefe del partido. Para que esto funcione, ambos tienen que llevarse bien y respetar, como el PP madrileño, el reparto de papeles.
CATALUÑA Cambiar de líder para que cambie el partido
Otro modelo. Josep Piqué, que no es un advenedizo, pero tampoco un tradicional militante del PP catalán, ha sido designado como presidente de los populares catalanes y, a falta del acto público de proclamación, es el seguro candidato del PP para las elecciones catalanas. Ha recibido el mandato de sacar adelante el giro catalanista y ha heredado la organización del partido más precaria y con menos implantación social de toda España. Como el de Piqué es un modelo de sucesión cuando se pretende cambiar el partido, no parece aplicable en este ejercicio de simulación.
EXTREMADURA El 'número dos' asciende a 'número uno'
Carlos Floriano, el candidato y presidente del PP regional más joven, ha protagonizado el modelo más obvio. Era el secretario general del PP extremeño con Juan Ignacio Barrero. Floriano, además, era y es el portavoz en el Parlamento extremeño. Con el modelo de sucesión extremeño, el único nombre posible en esta simulación sería Javier Arenas, pero el secretario general se ha descartado como sucesor.
GALICIA Y ANDALUCÍA Dos modelos de no-sucesión
Galicia es el modelo de permanencia por antonomasia. Manuel Fraga sucede a Manuel Fraga y nadie parece capaz de hacerle sombra mientras encadena sus mayorías absolutas en la Xunta. En el lado opuesto, el de las derrotas encadenadas, está Andalucía. Allí tampoco ha habido sucesión, pues repite Teófila Martínez como presidenta del partido, pero el control real del PP en Andalucía está en manos de Javier Arenas. Eso sí, quizá para zanjar cualquier crítica, durante el congreso del PP andaluz Aznar exclamó '¡Ojalá tuviéramos más Javier Arenas!' No especificó ni cuántos ni para dónde los quiere.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002