Miguel Poveda tiene una capacidad camaleónica para apoderarse con legitimidad de cualquier estilo que interprete. Estilos que son, por lo que vamos viendo, todos los del árbol de los cantes flamencos. No es frecuente que esto ocurra, porque generalmente los cantaores tienen sus preferencias por unos determinados estilos, y los otros ni los tocan. Pero Miguel Poveda está alcanzando un verdadero dominio de todos los géneros, desde las más rabiosas bulerías jerezanas hasta los libres de compás de la gama minero-levantina.
Y aun dentro de un mismo estilo hace gala de una gran variedad de formas. En la larga secuencia buleariera que hizo en el recital que comentamos, llegó sin violencia a la versatilidad en que es maestro Chano Lobato, incluyendo aires tan extraños a lo jondo como el tango argentino o el huapango. Caracolero impenitente, cerró su recital con una versión a palo seco de la zambra Azucena, que no me pareció nada interesante.
Miguel Poveda
A corazón abierto: Miguel Poveda Con Juan Ramón Caro a la guitarra. Teatro Arlequín. Madrid, 9 de noviembre.
Poveda cantó bien con el excelente y sobrio acompañamiento de la guitarra de Juan Ramón Caro. Cantó sin extremar el grito, insistiendo, en cambio, en los medios y bajos tonos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002