China necesita para mantener la estabilidad del país repetir en las dos próximas décadas el milagro económico de estos últimos 20 años, dijo ayer el ministro de Planificación y Desarrollo, Zeng Peiyan. En una conferencia de prensa en el marco del XVI Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh), el ministro hizo hincapié en la urgencia de equilibrar el brutal desarrollo experimentado por China desde el inicio de la reforma.
Sin querer dar a su declaración el tono alarmista de muchos economistas, tanto chinos como occidentales, que sostienen que los desequilibrios que se están produciendo en China suponen una 'seria amenaza' para el futuro del país, el ministro confirmó los temores de quienes sostienen que el camino emprendido hasta ahora ha sido 'fácil y el difícil está por llegar'.
Zeng y el ministro de Economía y Comercio, Li Rongrong, organizaron una conferencia de prensa conjunta sobre la situación económica de China. A pesar del triunfalismo de las cifras al revisar lo conseguido hasta el momento -entre 1990 y 2001, un crecimiento anual medio del 9,3%-, tanto uno como otro dejaron entrever los nubarrones que ensombrecen el avance de China.
Zeng reconoció que el paro afecta al 4% de la población activa, lo que supone que decenas de millones de chinos están desempleados. Muchos de ellos proceden de la reestructuración de las grandes empresas estatales. Otros, de que la población de este país de 1.300 millones de habitantes es todavía muy joven. A pesar del estricto control de natalidad impuesto por el Gobierno a final de la década de los setenta con su política de una familia, un hijo, cada año acceden al mercado de trabajo 10 millones de jóvenes en busca de su primer empleo. Y finalmente, porque se está produciendo un imparable éxodo desde el campo a la ciudad en busca de una vida mejor.
El principal alivio que ha tenido China contra toda esta enorme masa de desempleados han sido las pequeñas y medianas empresas privadas. 'China es un país muy grande, que tiene unos problemas muy grandes que exigen una planificación a largo plazo, y en la actualidad sólo se mira a los resultados inmediatos', afirma Huang, un empresario de la vecina ciudad de Tianyin, que acusa al Gobierno de haber 'arruinado' su negocio por la falta de apoyo para obtener el crédito que aseguraba el futuro de su empresa. Huang, al igual que los economistas occidentales, sostiene que en China sólo se conceden créditos a las grandes empresas estatales en bancarrota 'porque eso permite a unos cuantos llenarse los bolsillos'. El ministro Li Rongrong, sin embargo, señaló que el Gobierno piensa incentivar al máximo la creación de las empresas pequeñas y medianas, aunque descartó que se abran, de momento, nuevos sectores de explotación, como las editoriales y las empresas de información.
El férreo control impuesto por China sobre los medios de comunicación ha frenado todos los intentos realizados por varios empresarios e intelectuales chinos de privatizar un periódico o lanzar uno nuevo.
Diario independiente
Fuentes diplomáticas señalan que hay un 'proyecto avanzado' para sacar un periódico independiente tan pronto como el Gobierno dé luz verde. 'Si es cierto que Hu Jintao es un reformista liberal, tendrá que demostrarlo abriendo donde siempre ha estado cerrado a cal y canto', afirman refiriéndose al hombre que esta semana sustituirá a Jiang Zemin al frente del PCCh, cuando al final del congreso sea nombrado secretario general.
En esta nueva China que ha incluido a los capitalistas que hasta la semana pasada les llamó 'enemigos del pueblo' en las filas del partido, la venta de los derechos de explotación de la tierra va ser muy probablemente la revolución de esta década. Zeng reiteró que la tierra seguirá siendo del Estado, pero dio a entender que, como ya ocurre en Shanghai, se tendrá manga ancha a la hora de facilitar la concentración de las parcelas familiares, de manera que la explotación de la tierra sea más rentable. La entrada de China en la Organización Mundial de Comercio supone la ruina definitiva de muchos de los 800 millones de campesinos que se encuentran atados a parcelas minúsculas y sometidos a impuestos y costes de producción altísimos por la baja rentabilidad de la tierra. Economistas y los propios campesinos exigen al Gobierno facilidades para formar parcelas grandes, que permitan la compra de maquinaria avanzada, desde tractores a cosechadoras, para acabar con los más de 30 años de atraso de la agricultura china.
La concentración en esta última década en el desarrollo de la industria y la tecnología a expensas de abandonar el campo, que fue la primera de las reformas ordenadas por Deng Xiaoping cuando tomó las riendas de China en 1979, ha provocado, además de enormes diferencias sociales, una profunda brecha entre las ciudades del este desarrollado y el inmenso centro y oeste de China subdesarrollados. A la necesidad de subsanar estos desequilibrios para garantizar la estabilidad del país se refería el ministro de Planificación y Desarrollo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002