La crisis por la que atraviesa la familia real británica sigue tiñéndose de rosa. Los escarceos de principios de semana, que apuntaban que el súbito fin del proceso contra Paul Burrell, último mayordomo de Diana de Gales, pretendía ocultar un escándalo homosexual, se van perfilando. Un empleado del príncipe Carlos que fue violado por un superior a finales de los años ochenta acusó ayer al heredero de haber encubierto el caso. Y desveló que él fue testigo del acoso de un miembro de la familia real a otro empleado. Este último sería el escándalo que la casa real quería tapar al provocar la absolución del mayordomo, dice.
Es como si el libertino ambiente del Soho se hubiera trasladado a los barrios de la realeza. Los palacios de Buckingham o de Saint James serían escenario de un trasiego sexual que dejaría pequeños los numerosos clubes gays de la capital. O eso parece cuando uno lee la prensa de este domingo. Mail on Sunday publica las acusaciones de George Smith, el antiguo veterano de las Malvinas violado por un alto asistente del príncipe de Gales. News of the World asegura que también el mayordomo es homosexual: 'Paul Burrell me sedujo mientras Diana yacía muerta', denuncia en este diario Michael Barrymore, un presentador de televisión caído en desgracia tras la sospechosa muerte de un joven en la piscina de su mansión. Y The Sunday Times asegura en su primera página que 'los cortesanos gays de la reina llevaron prostitutos a palacio'.
'The Sunday Times': 'Los cortesanos 'gays' de la reina llevaron prostitutos a palacio'
Curiosamente, todos los actores de este folletín están o estaban casados: el mayordomo, la víctima Smith, su supuesto violador -al que nadie nombra por imperativo legal pero son tantas las pistas publicadas que todos saben de quién se habla-, Barrymore y, seguramente, también el supuesto acosador con sangre azul.
Para añadirle pimienta al domingo, un ex policía desvela los problemas de seguridad que puede provocar tanto entrar y salir en palacio, asegura en The Sunday Times. David Davies, antiguo superintendente jefe y responsable entonces de la seguridad en las residencias reales, siempre sospechó que el promiscuo personal de servicio dejaba entrar prostitutos por la puerta de atrás.
Davies, que se retiró en 1997, era responsable de seguridad cuando trascendieron las acusaciones de violación planteadas por George Smith, de las que dice que nunca fue informado. Smith ha confirmado ahora en público lo que en 1996 confesó en privado a la princesa de Gales a sabiendas de que ésta le estaba grabando: que un superior le emborrachó y le violó en 1989, cuando tenía 29 años, problemas con el alcohol y secuelas mentales de su experiencia en la guerra de las Malvinas, donde vio cómo ardían vivos sus compañeros atacados con granadas incendiarias.
Poco después de esa confesión, la abogada de Carlos de Inglaterra le ofreció una generosa indemnización para que se fuera y pudiera reponerse de los desequilibrios mentales que le tenían hospitalizado. 'El príncipe lo encubrió cuando ocurrió. No le gustaba que todo esto llegara a los tribunales', dice Smith.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002