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El Gobierno abre un centro de acogida par ajóvenes inadaptados

El recinto, con 12 plazas, tiene unos horarios y normas 'más flexibles'

Un chalé de Vista Alegre (Carabanchel) alberga desde hace un mes una nueva residencia para adolescentes desamparados con unos horarios y normas más flexibles de lo habitual. Sus 12 plazas son para chavales de 16 a 18 años, sin familia en Madrid o con hogares rotos, que no se adaptan a vivir en los internados para menores protegidos y se fugan de ellos o se comportan con agresividad. En este centro -abierto sólo de seis de la tarde a nueve de la mañana-, los chicos pueden ir a dormir a lo largo de toda la noche y el apoyo educativo se realiza poco a poco.

Abdelhady, de 17 años, es uno de los nueve chavales (cinco de ellos marroquíes sin familia en la región) que han pasado por este nuevo centro del Instituto Madrileño del Menor y la Familia (IMMF). Llegó a él 'por un lío' en la residencia de menores Manzanares, donde vivía desde marzo. 'Un día, a otros tres chicos marroquíes y a mí no nos querían dar de comer porque decían que habíamos llegado tarde, se montó un follón y me acusaron de haber amenazado con un cuchillo a la cocinera', explica este joven de Tánger que llegó solo a España hace tres años.

Asegura que aquel incidente fue puntual, que no quería dañar a la cocinera y que se llevaba bien con los educadores de Manzanares. Pero en el IMMF replican que su comportamiento solía ser muy agresivo y que por eso decidieron trasladarle a Vista Alegre, para ver si se adaptaba mejor a un centro donde no estuviese obligado a convivir con tantos otros chicos. 'Aquí estoy mejor porque se vive más tranquilo. Como somos muy pocos y apenas nos vemos porque cada uno llega a una hora, no se montan líos', asegura este joven que lleva días empleado de carpintero. Un oficio que ya desempeñó en Marruecos, de donde se marchó 'porque los sueldos son malos'.

Cada mañana sale a trabajar y luego regresa por la tarde para ducharse, cenar y acostarse. A veces pasa un rato en la sala común o charla con algún educador. Otros chicos acuden por la mañana a programas formativos o, en compañía de algún educador, van a resolver papeleos (abono transporte, residencia sin son extranjeros...). Hay dos, con problemas de toxicomanías, que asisten a centros de drogodependientes. Todos disponen de habitaciones individuales y entran y salen del recinto cuando quieren.

Rosa Vázquez, responsable de coordinación de centros en el IMMF, explica que esta residencia de Vista Alegre 'va dirigida a los chicos más necesitados de protección de todos los que están bajo la tutela de la Comunidad'. 'Son adolescentes que se fugan de otros centros de menores, con actitudes muy agresivas y con consumos de drogas, sobre todo de pegamento', explica.

Apoyo individualizado

Maite Alcázar, directora del nuevo centro, puntualiza que éste no es un mero refugio con cama y comida. 'Aquí los chavales pueden funcionar de forma más autónoma y, aunque por supuesto tenemos normas, hemos procurado dejar sólo las básicas para la convivencia, ya que estos chicos aceptan mal una disciplina más estricta. La clave es tener paciencia, ir poco a poco y prestar apoyo individualizado a cada muchacho', añade.

'A todos se les intenta derivar a programas formativos y de búsqueda de empleo, pero no les podemos obligar, lo que hay que intentar es ganarse su confianza y convencerles', matiza Alcázar. 'Hay chicos tan deteriorados por inhalar pegamento y vivir en la calle que inicialmente nos conformamos con que se duchen y coman caliente. Pero nuestro objetivo no es quedarnos ahí, sino crear vínculos con ellos para ver si normalizan su vida', apostilla.

En el centro trabajan siete educadores, dos técnicos auxiliares, una directora, una cocinera/limpiadora y un guarda de seguridad. Cada chaval debe encargarse de calentar su comida y de limpiar su ropa y su cuarto.

'El objetivo es que los chavales sólo vivan aquí un tiempo y que luego puedan volver a una residencia o a un piso de adolescentes', apostilla Alcázar. De hecho, uno de ellos ha retornado ya a un internado. Pero también hay otro del que no saben nada. 'Hay chicos que no se adaptan a los internados y que aquí funcionan bien, pero llevamos poco tiempo y no podemos echar las campanas al vuelo porque las crisis de la adolescencia son complicadas', concluye Vázquez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002